jueves, 11 de octubre de 2012

Historia de Roma (XVIII): la primera guerra púnica



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La primera guerra púnica estalló cuando la ciudad de Mesina, ocupada por los mamertinos, una horda de mercenarios campanios, después de haber obtenido la protección de Cartago en su lucha contra Siracusa cambió de idea y pidió ayuda a Roma. El senado romano, ante los riesgos que comportaba acoger la petición, trasladó la decisión a la asamblea popular.

Primera guerra punica

- La ayuda contra Cartago: sectores a favor y en contra de la intervención en Roma


La mayor parte de la aristocracia terrateniente, partidaria de una política exterior prudente, era contraria a la intervención. Pero las clases comerciales y financieras, así como una parte del pueblo que esperaba fundar nuevas colonias en la rica tierra de Sicilia se mostraron favorables a la empresa. Animados por los cónsules, al fin los comicios populares aprobaron la petición aun sabiendo que desencadenaría la guerra con Cartago.

- Desembarco en Sicilia y ocupación de Mesina


En 264 a.C. el cónsul Apio Claudio desembarcó en Sicilia y ocupó la ciudad de Mesina, abriendo así las hostilidades. Para afrontar la amenaza romana, Gerón de Siracusa se alió con los cartagineses, pero fue derrotado y obligado a rendirse.

- Tras un largo asedio cae Agrigento, además de la flota cartaginesa


Después de siete meses de asedio cayó también la ciudad de Agrigento (262 a.C.), de modo que los cartagineses quedaron confinados al sector occidental de la isla. Los romanos no tardaron en comprender que debían atacar a la flota cartaginesa para cortar los aprovisionamientos procedentes de África e impedir los traslados de tropas. En menos de un año construyeron una flota de cerca de doscientas naves, y en 260 a.C., al mando del cónsul Cayo Duilio, derrotaron a los cartagineses en las aguas de Milazzo, gracias a una hábil estratagema que anuló la superioridad táctica enemiga. Las naves romanas, dotadas de un puente móvil llamado "corvo", en vez de entablar combate con las naves cartaginesas las atrapaban con este instrumento y lanzaban a los soldados al abordaje, apoderándose así con facilidad de las naves enemigas.

- Cartago, bajo sitio


En 256 a.C. los romanos decidieron dar un giro decisivo a la guerra poniendo sitio a Cartago. Después de una victoria naval en las aguas de Cabo Ecónomo (actual Poggio Sant' Angelo), la flota romana, dirigida por el cónsul Atilio Régulo, desembarcó en África con un ejército de 15.000 hombres. Régulo obtuvo algunos éxitos en las operaciones terrestres y Cartago se mostró dispuesta a firmar la paz, pero las condiciones impuestas por el cónsul resultaron finalmente inaceptables.

- Las legiones romanas son derrotadas en Tunicia


Los cartagineses reorganizaron entonces su ejército y derrotaron a las legiones romanas cerca de Tunicia (255 a.C.). Los pocos supervivientes esperaron inútilmente a la flota romana enviada en su ayuda, que había sido destruida por una tempestad. Los escenarios de la guerra volvieron a situarse en Sicilia con grandes pérdidas en hombres y recursos en ambos bandos.

- La flota cartaginesa es destruida por tercera vez por Cayo Lutacio Catulo


El último enfrentamiento entre las dos flotas se dio en 241 a.C. en las islas Egadeas, donde los romanos, al mando de Cayo Lutacio Catulo, destruyeron por tercera vez la flota cartaginesa.

- Cartago solicita y obtiene la paz, a cambio de una indemnización de guerra


Ante una situación cada vez más complicada, Cartago solicitó y obtuvo la paz después de haber aceptado abandonar Sicilia, pagar una fuerte indemnización de guerra y liberar sin ningún rescate a los prisioneros.

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Artículo 18 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.