martes, 20 de noviembre de 2012

Historia de Roma (XXXVI): el principado de Augusto



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Después de la victoria de Actium, Octavio advirtió la necesidad de consolidar su poder mediante una fórmula nueva, a pesar de su reiterada voluntad de recuperar el antiguo orden republicano y de reinstaurar la antigua libertas.

Augusto y su principado

- Los diferentes poderes que pasa a asumir Octavio Augusto


En un proceso gradual que duró hasta 23 a.C., Octavio asumió un poder enorme: tribunicia potestas, concedida sin que hubiera ocupado el cargo de tribuno; imperium proconsulare en las provincias afectadas todavía por revueltas; imperium proconsulare maius et infinitum en todas las provincias tanto senatoriales como imperiales, sin límite de tiempo o de espacio, con poderes superiores al de todos los magistrados; potestas censoria que le permitió vigilar las costumbres y controlar las listas de senadores y de los candidatos a las magistraturas; imperator, apelativo que permitía a Octavio subrayar su figura de jefe victorioso; augustus, título honorífico ligado a la aureola carismática propia de la monarquía oriental; princeps, título entendido tanto en el sentido de princeps senatus, princeps civitatis y princeps universorum como en el valor absoluto de jefe supremo. Posteriormente, en 12 a.C. fue nombrado pontífice máximo, y padre de la patria en 2 d.C.: honores de orden religioso que, a partir del ejemplo oriental, conducían a una progresiva divinización.

- El poder del emperador, por encima de las estructuras y organismos de la república


La antigua auctoritas era el fundamento de este nuevo planteamiento. Con el nombre de Augusto, Octavio asumió una posición de autoridad moral y de supremacía política que lo situaba por encima de todo y de todos. La vida de la república se desarrollaba todavía con las estructuras y los organismos antiguos, pero por encima de ellos estaba el poder el emperador que los dirigía sobre la base de su propio prestigio.

- El principado fue una auténtica forma institucional autónoma


Así pues, el principado se configuró en apariencia como un poder especial en la normalidad de las instituciones republicanas, aunque en realidad era una auténtica forma institucional autónoma. Se puede comprender que Octavio, al día siguiente de la victoria de Actium (31 a.C.), advirtiera la urgencia de instaurar en Roma un gobierno fuerte, capaz de controlar el ejército, de guiar a la oligarquía senatorial, de calmar las luchas entre los grupos políticos y de imponer su supremacía sobre todas las fuerzas de Roma. Las posibles soluciones llevaban casi inevitablemente a la instauración de un régimen personal, aunque en muchos ambientes se palpaba la necesidad de un respeto a las tradiciones republicanas. La habilidad de Octavio se puede apreciar en su capacidad de unir las nuevas exigencias con las costumbres de la nación, aunando las reivindicaciones de las tendencia políticas opuestas.

A diferencia de César, Octavio descartó soluciones que pudieran hacer pensar en un poder absoluto o en un régimen autoritario, evitando así la similitud con los modelos orientales.

- El principado, un sistema que unía rasgos monárquicos y experiencia republicana


La muerte de César había demostrado que era prematuro un poder monárquico que no salvara al menos las formas republicanas. Más allá de la propaganda de Augusto, nos encontramos ante una fórmula político-constitucional original, que se fue definiendo gradualmente en respuesta a las nuevas condiciones del estado. Respecto a las fuerzas sociales se modificó el régimen republicano para dar cabida a la figura del emperador, que asumió la tradición republicana y la demanda de reformas que había degenerado en las guerras civiles. El régimen creado por Augusto no era una diarquía, fundada en el reparto de poderes entre el emperador y el senado. La preeminencia del primero sobre el segundo era excesiva, tanto en el plano real como en el constitucional, y tampoco se puede definir como un protectorado ejercido por el emperador por encima de la res publica. Se trataba más bien de un sistema en el que se unían los rasgos monárquicos y los de la experiencia republicana, en una línea que superaba los viejos modelos y se abría a las demandas de reforma.

- La política reformista de Augusto


Convertido en señor de Roma, llevó a cabo una amplia política reformista.

+ Restauración del derecho civil en la vida pública y privada y reordenación económica del Estado


En primer lugar dictó leyes para restaurar el derecho civil en la vida pública y privada; después se ocupó de la reordenación económica del estado, saneando las finanzas públicas y dando un nuevo impulso a la agricultura.

+ Defensa del Imperio


Organizó la defensa del imperio preparando un ejército permanente de veinticinco legiones, nueve cohortes de pretorianos con funciones de guardia imperial, cuatro cohortes urbanas y ocho cohortes de vigilantes con funciones de policía y de bomberos en Roma. También reorganizó la flota, trasladándola a las bases de Ravena y de Miseno. Reforzó asimismo las fronteras del imperio, llegando hasta el Danubio y conquistando todas las regiones situadas al norte de los Alpes, de Vindelicia a Retia, Nórica, Panonia y Mesia.

+ Ampliación del dominio romano en la península Ibérica y en Germania


Amplió las áreas del dominio romano en la península Ibérica, donde conquistó todo el territorio septentrional, y en Germania, donde se expandió por la orilla oriental del Rin, siendo detenido por los germanos de Arminio, quienes derrotaron al cónsul Publio Quincio Varo en la selva de Teotoburgo (9 d.C.).

- Tiberio, sucesor de Augusto


La muerte sorprendió a Augusto a la edad de 76 años, el 19 de agosto de 14 d.C., en Nola. Su hijo adoptivo, Tiberio, le sucedió en el trono.

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Artículo 36 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.