martes, 16 de diciembre de 2014

El pueblo romano: de los labriegos del Lacio a los señores del mundo



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Cuando un pueblo, como el romano, salta en pocos siglos de una rudimentaria aglomeración de pastores y labriegos a un imperio universal, deja casi siempre en su raudo vuelo los rasgos y aun las virtudes esenciales de su constitución primitiva. Los romanos, que se lanzaron desde sus tierras del Lacio a la conquista de Italia, eran muy distintos de los que vieron el nombre de Roma señorear en Hispania, en África, en Grecia y en Asia.

La grandeza de la antigua Roma

- La vida romana primitiva


La Roma de los siglos V y IV a.C. era una ciudad de campesinos. Su economía se asentaba en el primitivo sistema de vida agrícola, según el cual todos los miembros de la familia trabajaban en el campo, sirviéndose, tan sólo como excepción, de algunos pocos esclavos y clientes. Así, si queremos imaginar el cuadro de la vida romana primitiva, será mejor desprendernos, desde un principio, del solemne aparato con que el arte y la literatura nos han transmitido las luchas de Horacios y Curiacios.

+ El poder mágico en la vida doméstica, civil y religiosa del primitivo romano


Vida patriarcal, estrechamente vinculada al círculo familiar, costumbre sencillas, instituciones y creencias dominadas por el formulismo mágico que envuelve la actitud del hombre primitivo ante el mundo físico que lo rodea y el mundo misterioso que intuye más allá: tales fueron las realidades y las perspectivas de los antepasados de aquellos hombres que impusieron su dominación y su concepción jurídica de la sociabilidad humana a todos los pueblos bañados por el Mediterráneo. El poder mágico comunica su eficacia a los actos fundamentales de la vida doméstica, civil y religiosa del primitivo romano, y a sus instituciones más características. Si el tribuno de la plebe, por ejemplo, tiene una fuerza eficiente ante la ciudad patricia, ello es debido, más que a una prescripción legal, a ciertas ceremonias que le confieren un poder maléfico. "Cuando el tribuno comparece en público, debe uno purificarse como si estuviese mancillado", escribe Plutarco. No se le puede poner la mano encima ni interrumpirlo, so pena de quedar maldecido. De este poder mágico deriva la eficacia del veto que puede oponer a las leyes, así como la inviolabilidad de su persona y de su casa.

+ Los órdenes material, político, jurídico y espiritual en estos primeros siglos


Todo nos indica que, en sus primeros siglos, la vida romana se desenvolvió en medio de una estrechez en el orden material y de una oscuridad en los órdenes político, jurídico y espiritual, más propios de un pueblo primitivo que de un pueblo llamado a desempeñar una misión fundamental en la historia de la civilización.

- La influencia de las conquistas y la cultura griega en el pueblo romano


En poco más de un siglo, las conquistas convirtieron a esos romanos rústicos, ingenuos, pobres y supersticiosos en el pueblo más rico y poderoso de la Antigüedad, al mismo tiempo que la cultura griega, que recibieron, primero, del sur de Italia y, más adelante, de la Grecia propia, infundió un refinamiento en sus costumbres y abrió ante su espíritu un maravilloso horizonte intelectual y artístico, que sedujo pronto a las inteligencias más preclaras y flexibles, y arrastró con su fuerza irresistible a los espíritus más rígidos y aferrados a la tradición. En los días de la ruina de Cartago, mientras Escipión Emiliano y las gentes enamoradas del helenismo, que formaban su círculo, acogían como un delicioso mensaje la civilización griega y los poetas, filósofos y profesores e historiadores que se la transmitían. Catón el Viejo condenaba la cultura helénica como un enemigo que venía a destruir la sencilla y austera sociedad romana de los viejos tiempos, la que había edificado los cimientos de la potencia de Roma y encaminado la ciudad por el sendero de su grandeza. Agarrado como un náufrago solitario a la tabla de la tradición, dice una vieja leyenda que Catón fue, al fin, arrastrado por la irresistible corriente del helenismo, o sea, que, a los ochenta años de edad, se decidió a aprender el griego.

+ La pérdida de las viejas costumbres y austeras virtudes en la nueva sociedad romana


Lo que apenaba y dolía al espíritu de Catón era una profunda realidad. La sociedad romana iba dejando jirones de sus viejas costumbres y sus austeras virtudes en manos del helenismo y de la riqueza que afluía a raudales a las arcas de los descendientes de aquellos sencillos pastores y campesinos del Lacio. Los generales y los gobernadores regresaban de sus conquistas cargados con el botín de las ciudades helenísticas saqueadas, los gobernadores volvían de sus provincias con inmensas riquezas acumuladas durante su gestión, y un buen número de ciudadanos conseguía desviar hacia sus cajas una buena parte de este río de oro que afluía a Roma, mediante turbios negocios bancarios, empresas de aprovisionamiento de tropas, concesiones del Estado, etc.

+ El equilibrio social conseguido por Roma se rompe tras las guerras púnicas


De este modo, el equilibrio social que Roma había conseguido antes de las guerras púnicas (recuérdese la igualdad entre patricios y plebeyos), se rompió a consecuencia de los triunfos militares en el Mediterráneo y de la necesidad de explotar y organizar el imperio conseguido con tales conquistas. Ya no había en la ciudad patricios ni plebeyos, sino ricos y pobres; fabulosamente ricos, los primeros, por el botín de guerras y conquistas, y miserablemente pobres, los segundos, a consecuencia de las expoliaciones de aquéllos. Porque a medida que avanzaba la formación del imperio, en la sociedad campesina de Italia se produjo un fenómeno de desequilibrio, cuyas penosas consecuencias arrastró Roma hasta los últimos siglos de su historia. Los ricos emplearon gran parte de su tesoro en la adquisición de tierras y, en consecuencia, los pequeños campesinos itálicos, incapaces de oponerse a la absorción, cada día creciente, de los grandes terratenientes, o quedaron reducidos a una situación de servidumbre, como colonos de las tierras que un día fueron propiedad suya, o se vieron desposeídos de ellas, pasando a engrosar las filas de gentes sin ocupación ni medios de vida que se concentraban progresivamente en la ciudad. Así se formó la nueva plebe romana, multitud hambrienta que el Estado tuvo que mantener y amansar continuamente, alimentándola con juegos públicos y espectáculos crueles y sanguinarios. Para ella ya no hubo posibilidad de trabajo ni de redención, porque las multitudes de esclavos capturados en las guerras sustituían a los viejos campesinos en las grandes propiedades o latifundios, mientras otros grupos al servicio de las poderosas casos de la ciudad ejercían los oficios de pequeños artesanos.

Esta situación planteó el problema social que perturbó toda la vida romana desde fines del siglo II y durante todo el siglo I antes de nuestra Era. El intento de resolverlo mediante la distribución de tierras a los campesinos (Ley agraria), que propugnaron los hermanos Tiberio y Cayo Graco, fracasó ante la oposición nobiliaria. Pero los Gracos, al reunir las fuerzas populares y señalarles un objetivo, fundaron el partido popular, que en lo sucesivo había de enfrentarse con la aristocracia republicana y disputarle el dominio del Estado.

- El nacimiento del ejército profesional


Junto con el movimiento popular, surgió en Roma, a fines del siglo II antes de Cristo, el ejército profesional. Las milicias de campesinos, que habían conquistado gran parte de su imperio, no bastaban para sostenerlo, y fue necesario recurrir a hombres dispuestos a emplear toda su vida en el ejercicio de las armas, en países apartados de Italia.

+ La carrera militar y la carrera política


Entre los romanos, la carrera militar, que confería los altos mandos, formaba parte del engranaje de la carrera política, de tal modo que todos los hombres de Estado habían ejercido, en el curso de su vida política, jefaturas en el ejército. De este modo se explica que cuando un general afortunado conseguía, a su vez, el caudillaje de uno de los partidos en pugna, contando con la fidelidad de sus soldados y la adhesión de sus partidarios, alcanzaba frecuentemente un poder personal que disputó al Senado y a las magistraturas el lugar directivo que ocuparon hasta entonces en la política romana.

Mario, heredero político de los Graco, creador del ejército profesional, fue el primero que reunió en sus manos esos dos instrumentos del poder, partido y ejército, utilizándolos para servir a su ambición personal. Vencedor del jefe númida Yugarta, en el norte de África (105 a.C.), y de los cimbrios y teutones, pueblos germánicos que habían abandonado sus hogares junto al Mar del Norte y amenazaban caer sobre Italia (102-101 a.C.), lanzado a la política, se puso al frente del partido popular e intentó implantar con mayor amplitud los proyectos de los Graco.

La oligarquía romana, asustada ante las ambiciones y el programa de los demócratas, encontró un caudillo en otro general, antiguo lugarteniente de Mario, Lucio Cornelio Sula (138-78 a.C.), quien utilizó por primera vez el ejército contra sus conciudadanos para apoderarse de Roma, dominada por su rival Mario; luchó contra el rey Mitrídates del Ponto, que, desde su dominio, situado a orillas del Mar Negro, se lanzó contra la provincia romana de Asia y, victorioso, a su regreso a Italia, aplastó a los demócratas, que, durante su ausencia escalaron el poder, y actuó durante diez años como dictador, modificando la constitución romana con una serie de reformas de sentido aristocrático.

Desde el tiempo de la dictadura de Sula, Sertorio, antiguo oficial de Mario, había hecho de Hispania el baluarte del partido popular para luchar contra la aristocracia romana. La guerra contra Sertorio se prolonga durante ocho años, hasta que el caudillo demócrata, traicionado por uno de sus oficiales, fue vencido por Pompeyo y murió asesinado (72 a.C.). También contribuyó Pompeyo a aplastar la sublevación de los esclavos que, dirigidos por Espartaco, habían llegado a constituir un peligro para Roma.