jueves, 19 de febrero de 2015

Jurisconsultos más ilustres de la antigua Roma (I)



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He aquí primera parte de la lista de los jurisconsultos más ilustres de la antigua Roma, por orden cronológico (podéis consultar, también, la segunda parte aquí).

Antigua Roma

- Sextus Aelius Paetus


Sextus Aelius Paetus, llamado Catus (cauto), edil en 554 (hacemos referencia a fechas del calendario romano), cónsul en 556, censor en 561, escribió la obra sistemática temática más antigua, tripertita, y completó la colección de Gneo Flavio, de donde su edición fue llamada ius Aelianum.

- Q. Mucius Scaevola


Q. Mucius Scaevola, hijo de Publio, tribuno en 648, edil en 650, cónsul en 659, procónsul de Asia, pontífice máximo, escribió el primer tratado completo de derecho civil, que quedó como obra fundamental. De ella tomó Cicerón los ejemplos jurídicos para los Tópicos, y Servio Sulpicio la comentó, escribiendo más tarde obras de grandes alientos acerca de ella Lelio Félix, Gayo, Pomponio y Modestino. Cecilio Africano siguió el plan de la misma en sus quaestiones.

- C. Aquilius Gallus


C. Aquilius Gallus, pretor en 688 junto con Cicerón, quien escribió su elogio pintándole como pronto y agudo consultor. Su fama postrera se funda en la introducción de una acción general contra el dolo (actio doli) y en la creación de dos fórmulas: una (stipulatio Aquiliana) para transformar en estipulación las relaciones obligatorias existentes entre dos partes y aplicar, por consiguiente, a ellas la aceptilación general, y la segunda para extender a los nietos la sustitución pupilar en caso de premoriencia del hijo.

- Servius Sulpicius Rufus


Pretor en 692, cónsul en 703, Servius Sulpicius Rufus fue orador y filósofo, perito en etimologías y antigüedades, elegante poeta y prosista, meritísimo dialéctico y crítico. Escribió cerca de 180 libros, sobre el edicto, las XII Tablas, la dote, de sacris detestandis, y otros asuntos. Las obras de sus discípulos, excepción hecha de las de Alfeno y de Ofilio, fueron coleccionadas por Aufidio Namusa en una obra de 140 libros.

- Aulus Ofilius


Aulus Ofilius parece haber recogido en sus escritos toda la ciencia jurídica. Pomponio (l. c., 44) habla de él en los siguientes términos: Is fuit Caesari familiarissimus et libros de iure civili plurimos et qui omnem partem operis fundarent reliquit: nam de legibus vicensimae primus conscribit: de iurisdictione idem edictum praetoris praeimus diligenter composuit.

- C. Ateius Capito


C. Ateius Capito, cónsul en 758, fue, según la tradición, muy combatida, el primer fundador de la escuela de los Sabinianos, así llamada, de Massurio Sabino. Le alababan como jurisconsulto los escritores; pero es dudoso que se refieran a él las citas Ateius de Labeón, a quien Pomponio describe como decidido adversario de éste como jefe de escuela, y también en política, en ciencia y en carácter. De sus escritos son citados con seguridad estos títulos: coniectanea, por lo menos en nueve libros, y iure pontificio, por lo menos en seis libros.

- M. Antistius Labeo


M. Antistius Labeo fue, si también nos atenemos a la tradición, el primer fundador de la escuela de los proculeyanos; dejó impresas profundas huellas en el desarrollo histórico del derecho civil. Tenía por costumbre enseñar en Roma durante seis meses, retirándose al campo durante los otros seis para escribir libros de derecho, y así se comprende que dejara unos 400 volúmenes (libri posteriorum, probabilium, commentarii ad legem XII tabularum, libri ad edictum praetoris urbani et peregrini, libri epistularum, libri responsorum, commentarii de iure pontificio). Mostró gran cultura filosófica, aptitud especulativa, fina dialéctica y profesó principios estoicos. Vivió durante el Imperio de Augusto, y murió antes que su rival Capitón, esto es, antes del 775 de Roma.

- Massurius Sabinus


Massurius Sabinus, cuyo nombre tomó la escuela de los sabinianos, obtuvo de Tiberio el ius respondendi, y vivía aún en tiempo de Nerón. De su obra máxima (libri tres iuris civilis) hicieron tres grandes comentarios Pomponio, Ulpiano y Paulo (de los cuales hay gran número de extractos en el Digesto); comentarios llamados libros sabinianos, que llegaron a ser el eje de una de las tres grandes masas de obras (precisamente llamada masa sabinianea), que sirvieron para la compilación de las Pandectas. Otras obras de Sabino son: libri responsorum, libri ad edictum praetoris urbani, libri ad Vitellium, libri memorabilium, commentarii de indigenis, libri ad Vitellium, libri memorabilium, commentarii de indigenis, libri assessorum. Sabino es citado en cerca de 200 pasajes de las Pandectas, en uno del Código y en dos las Instituciones.

- C. Cassius Longinus


C. Cassius Longinus, cónsul del año 30 después de J. C., lugarteniente de Siria, sucedió a Sabino en la escuela, que de su nombre llevó el de casiana. Goza de gran fama como jurista: anotó a Vitelio y quizá también a Urseio Ferox, y escribió por lo menos 10 libri iuris civili, sobre los cuales Javoleno compuso una obra en 15 libros, 69 fragmentos de la cual pasaron a las Pandectas, en las cuales es citado ciento cuarenta y tres veces.

- Proculus


Proculus, de quien tomó nombre la escuela proculeyana, parece haber tenido mucha celebridad. Según Pomponio, fue el más eminente de la escuela de Labeón. Floreció hacia la mitad del primer siglo de nuestra era, dejando 11 libros de epístolas y notas a las obras de Labeón. En las Pandectas es citado cuarenta y cinco veces.

- P. Juventius Celsus


P. Juventius Celsus, hijo del jurisconsulto Juvencio Celso, a quien sucedió en la escuela proculeyana. Fue pretor el año 101, cónsul por segunda vez en el año 129 de nuestra era, y del consejo de Adriano. Escribió muchas obras, entre las cuales se cuentan 39 libros Digestorum, 7 libros commentariorum, 11 libros epistularum y 19 libros quaestionum. De él tomó nombre el senadoconsulto Juvenciano. Es célebre la responsio Celsina, que se ha convertido en sinónimo de respuesta insolente, a la pregunta hecha por Domicio Labeón o Domitiana, que en la tradición escolástica de la Edad Media equivalía a necia.

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Fuente:
Derecho romano, Felipe Serafini, páginas 45 - 49.