jueves, 18 de octubre de 2012

Historia de Roma (XXVI): la Sociedad Romana después de las Guerras Púnicas



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La expansión territorial de Roma y el aumento de la riqueza están en el origen de importantes cambios y de profundas desigualdades sociales.

Senado romano y antigua Roma

- Llamada a las armas: desde las guerras púnicas hasta mediados del siglo II a.C. Roma moviliza a 150.000 romanos al año


La prolongada movilización del ejército puso en serios aprietos a los pequeños terratenientes, precisamente a los que más habían contribuido a la construcción de la nueva potencia mediterránea. Desde las guerras púnicas hasta mediados del siglo II a.C. se estima que Roma llamó a las armas a un promedio de más de 150.000 ciudadanos al año, lo que equivale al 15% de los varones adultos. Ello significa que la mayoría de los hombres en edad de trabajar tuvo que prestar servicio en las legiones romanas al menos durante siete años, recibiendo a cambio una paga poco superior a las retribuciones más bajas de los trabajadores asalariados.

- Los campesinos, tras su paso por las legiones romanas, retomaban tierras abandonadas


A su regreso, los pequeños propietarios no sólo encontraron sus tierras agotadas por el prolongado abandono, sino que pronto se dieron cuenta de que el cultivo intensivo del trigo ya no era rentable. Las masivas importaciones de Sicilia y de África, donde el grano se conseguía gratuitamente como un impuesto, habían hecho caer en picado los precios del mercado de cereales. Sólo unos pocos campesinos tenían la capacidad económica necesaria para acondicionar sus tierras a cultivos más rentables destinados a la exportación. En la mayor parte de los casos, los campesinos, ahogados por las deudas, se veían obligados a vender sus tierras a los grandes propietarios y a intentar trabajar para ellos como asalariados.

- Los antiguos campesinos, incapaces de competir con los esclavos


La gran disponibilidad de esclavos dejaba pocas alternativas a los antiguos campesinos, muchos de los cuales se dirigieron a las ciudades para buscar una ocupación en el artesanado, el comercio o la construcción. Casi todo los centros urbanos se vieron afectados por el abandono de los campos, pero el que recibió mayor número de emigrantes fue Roma, donde la realización de ambiciosas obras públicas y los gastos incontrolados de los ricos parecían ofrecer mayores posibilidades. Sin embargo, no había trabajo suficiente para emplear a todos los recién llegados que llenaban las calles de la ciudad.

- Los campesinos, al obtener la protección de las familias aristocráticas, se convierten en clientes


Muchos desempleados obtuvieron la protección de las grandes familias aristocráticas, de las que pasaron a ser clientes; a cambio, debían garantizar apoyo a sus protectores en las asambleas populares.

- Los beneficios de las victorias de Roma: en manos de senadores y caballeros


Si los costos de las guerras recayeron principalmente en los pequeños terratenientes, los beneficios de las victorias fueron a parar exclusivamente a las clases privilegiadas. Senadores y caballeros incrementaron de forma extraordinaria sus fortunas, y los primeros ganaron poder político en paralelo a la expansión territorial de Roma.

- La aristocracia senatorial controló, durante la república, todas las decisiones


A diferencia de las magistraturas, que salvo raras excepciones sólo duraba un año, el senado era el único elemento estable de la república. Y fue precisamente en su sede donde se decidió la política romana a lo largo de todo el período bélico. En la práctica, una clase restringida, la aristocracia senatorial, controló tranquilamente todas las decisiones expansionistas sin que las clases inferiores lograran hacer valer una política propia.

- Una consecuencia directa de las guerras de conquista fue la expansión del latifundio a lo largo del siglo II a.C


La amplia disponibilidad de ager público, confiscado a las poblaciones itálicas que se habían aliado con Aníbal, y la crisis de los pequeños propietarios campesinos, obligados a vender a precios irrisorios sus posesiones, condujeron a la concentración de la tierra en manos de la aristocracia. Las grandes haciendas agrícolas, que fueron aumentando progresivamente de tamaño, empleaban a una multitud de esclavos en el trabajo de los campos y, gracias a la disponibilidad de capitales, podían dedicarse a cultivos más rentables. Paradójicamente, el desarrollo del latifundio se vio favorecido por la afluencia de esclavos y riquezas derivada de las victorias obtenidas con los sacrificios de los que resultaron más penalizados: los pequeños propietarios campesinos que habían servido en el ejército.

- La agricultura romana experimenta una profunda reorganización


También la aristocracia terrateniente empezó a trasladarse masivamente a Roma, renunciando a ocuparse en directo de sus propiedades. En este período la agricultura romana experimentó una profunda reorganización debida a la difusión de la villa, un complejo residencial rústico administrado por capataces (vilici), de condición servil, que dirigían el trabajo de los esclavos y ocasionalmente también el de los braceros.

El nuevo sistema de explotación permitía racionalizar la actividad agrícola para orientarla hacia productos alimentarios destinados a la comercialización. En las grandes extensiones de tierra que dependían de las villas rústicas se cultivaban sobre todo la vid y el olivo, cuyos frutos eran exportados, con grandes beneficios, a las ciudades itálicas, al Mediterráneo occidental y a la Europa septentrional.

- Los caballeros, grupo privilegiado para con los beneficios bélicos


Otro grupo privilegiado que sacó provecho de las guerras fue la clase de los caballeros (equites). La pertenencia a la primera clase del ordenamiento centuriado, más que implicar un papel militar, entrañaba el nivel económico indispensable para poder ser empresario de los servicios públicos por cuenta del Estado.

- Roma no poseía la estructura administrativa necesaria para hacer frente a los nuevos deberes derivados de la extensión de su territorio


Por ello, la organización de los abastecimientos militares, el cobro de tributos, el aprovechamiento de las minas de las provincias e incluso la construcción de nuevas carreteras o de grandes obras públicas eran encomendados a sociedades privadas de ciudadanos pertenecientes al orden ecuestre.

Los publicanos, como se conocía a los empresarios privados, gracias a sus influyentes amistades en el senado lograban obtener contratos particularmente ventajosos, sin que los censores pudieran imponer ningún límite, y menos aún conseguir alguna reducción. En este período empresarios y proveedores lograron pingües beneficios.

- Los arrendatarios de los impuestos debían dar al Estado una cuota fija de lo que se estimaba, por defecto, que podían recaudar en una provincia


Para sí se quedaban, además de lo que estrictamente les correspondía, los excedentes que habían recaudado. Los proveedores del estado lograron reunir grandes fortunas gracias a los aprovisionamientos militares. A ellos les correspondía garantizar un puntual abastecimiento de ropa, equipamiento y armas incluso en áreas lejanas. También comerciantes y especuladores aprovecharon las nuevas posibilidades de enriquecimiento. Los primeros revendiendo en los mercados de Roma, a precios altísimos, mercancías importadas de Oriente, como perfumes, sedas y joyas. Los segundos prestando dinero con tasas de interés escandalosas.

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Artículo 26 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.