Toda obligación supone dos sujetos, uno deudor y otro acreedor, pues nadie puede ser acreedor y deudor de sí mismo. Pero, por otra parte, tampoco pueden más de dos personas ligarse por una sola obligación, porque, siendo ésta un vínculo de derecho entre dos personas y ligando su voluntad, existe una obligación cuantas veces aquel vínculo se enlaza entre dos personas determinadas.
Puede ocurrir también que varios deudores o varios acreedores deban dar o tengan derecho a exigir juntos una prestación: sus respectivas obligaciones se hallan entonces unidas por esa comunidad de objeto, y de aquí se deducen consecuencias especiales.


