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lunes, 17 de diciembre de 2012

La crisis del siglo III d.C. en Roma | Historia de Roma (XLI)

El inicio del siglo III señala en Roma el comienzo de la transformación del poder imperial. Al principio, el papel del emperador se superponía al de los restantes organismos institucionales, formando una especie de diarquía con el senado (Julio-Claudios, Flavios, Antoninos). Pero ya en el siglo II d.C. el emperador se rodeó de un halo divino y consiguió mayores poderes, sobre todo en el terreno legislativo.

Lapida cristiana en Roma
Lápida con un ancla, una cruz y dos peces a los lados. Durante el siglo I d.C. se acentuó la divergencia entre paganos y cristianos en el Imperio romano.

- Acentuación del poder militar en el siglo III d.C.


La difícil situación del siglo III d.C. condujo a acentuar todavía más el poder militar, mientras seguía abierta la controvertida cuestión de la sucesión al cargo imperial, que había pasado de la herencia a la adopción para desembocar finalmente en un permanente estado de anarquía.

- El emperador, de princeps a dominus


En este marco, la autoridad imperial asumió una nueva fisonomía, configurándose como una monarquía parecida a la oriental. Basada en el ejército, concentró todos los poderes, de modo que el emperador pasó de princeps a dominus sin ningún límite en sus acciones. El cargo asumió una dimensión "teocrática", hasta el punto de que el emperador se atribuía el título de deus con claras intenciones ideológicas. Esta fórmula, por lo demás, estaba llamada a tener una larguísima fortuna histórica llegando hasta las puertas de la modernidad con Luis XIV.

- Causas que condujeron del principado al dominio


Las causas que condujeron del principado al dominio fueron múltiples. Ante todo la disolución del régimen aristocrático senatorial, que llevó consigo la decadencia de las instituciones republicanas, la completa desorganización del estado y el declive económico y social de Roma y de Italia. La impostación teocrática del poder se debió principalmente a la influencia de las concepciones orientales y acentuó los aspectos religiosos. También desempeñó su papel en el proceso la supremacía del ejército, que dominaba la escena política en una situación de anarquía general y de permanente estado de tensión en las fronteras. Hay que considerar asimismo la superioridad de las provincias, que transformó en profundidad el sistema administrativo de Roma, y por último, el cristianismo, que actuó como elemento unificador del imperio después de haber sufrido una prolongada represión.

- La crisis romana del siglo III d.C. en el terreno económico


En el terreno económico, se acentuó el malestar que reinaba en diversas regiones del imperio. Particularmente grave fue la crisis agrícola, que condujo a la despoblación de los campos, la expansión del latifundio de cultivos extensivos y de pastos, el cierre de los grandes dominios agrícolas y la casi total desaparición de los cultivos especializados. Ni siquiera en las colonias se pudieron atajar los problemas que afligían a la agricultura. También entraron en recesión las actividades económicas de los centros urbanos (crisis del artesanado, del comercio y de la industria) y las relaciones entre diversas regiones (comercio a gran escala). Desapareció así la cohesión económica entre Occidente y Oriente y aparecieron unidades locales autosuficientes que no podían igualar el bienestar de antaño. La acción discontinua del gobierno fue la causa principal de la desorganización que reinó en las pequeñas unidades territoriales. En algunos sectores de la actividad económica la intervención del estado creció hasta alcanzar un control casi total, pero aun así siguió siendo irregular, y en ningún momento guardó relación con las riquezas que realmente se producían sino que se orientó únicamente a obtener, a cualquier coste, los recursos necesario para hacer frente a las necesidades del ejército. Todo ello condujo a un proceso de decadencia generalizada que afectó a toda la cuenca mediterránea y a los diversos ámbitos de la vida social. Se intensificó la rivalidad entre paganos y cristianos, cuando estos últimos decidieron abstenerse, en señal de protesta, de cualquier actividad social. La admisión de los bárbaros en el ejército, consentida para suplir las dificultades de reclutamiento y para combatir al enemigo con sus propias tácticas de guerra, provocó la desnacionalización y la provincialización de las fuerzas armadas, además de una profunda transformación impuesta por el cambio de los sistemas de combate. Y ni siquiera estos cambios lograron detener las invasiones de los bárbaros, que se introdujeron en el interior del imperio.

- Las sucesivas guerras


Cuando los romanos cruzaron el Rin para conquistar las tierras que se extendían hasta el Elba, fueron repelidos por los germanos al mando de Arminio (9 d.C). Durante más de tres siglos, la situación permaneció prácticamente inmutable, con intercambios comerciales regulares entre las áreas germánicas y las romanas y sin enfrentamientos relevantes entre ambas partes. Pero en el siglo III d.C. los acontecimientos se precipitaron. Empujados a sus espaldas por otros pueblos, los germanos se pusieron en movimiento aumentando la presión en las fronteras hasta que la situación se hizo insostenible.

Las guerras se sucedieron a un ritmo incesante, y en algunos casos se decidió instalar a estos pueblos dentro de las fronteras del Imperio romano, englobándolos en el estado como campesinos y soldados. Pero la inmigración de los pueblos germánicos asumió en seguida tales dimensiones que todo el sistema de resquebrajó y se vino abajo.

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Artículo 41 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

martes, 23 de octubre de 2012

La crisis institucional del siglo I a.C. | Historia de Roma (XXXI)

Los conflictos, repetidos y violentos, afectaban sobre todo al control del poder político, el reparto de los botines de las conquistas, la realización de reformas agrarias y la distribución a precio controlado de los productos alimenticios. No sólo se enfrentaban la nobilitas y grupos populares, la propia clase del poder estaba tocada por fracturas profundas, hasta el punto de que la lucha civil condujo finalmente a la caída de las estructuras republicanas y a su transformación en instituciones de tipo monárquico.

Imperio romano y su ejercito

- Motivos de la decadencia de las estructuras tradicionales republicanas


La auténtica crisis estalló en el siglo I a.C. La constitución republicana, que había regido el estado romano durante cuatro siglos superando las pruebas más difíciles, acabó por desembocar en una crisis irremediable. La decadencia de las estructuras tradicionales se produjo por muchos motivos.

+ Expansión del Estado y crisis de crecimiento


En primer lugar, la propia expansión del estado, que después de la ampliación del territorio y el desarrollo de nuevas y variadas actividades económicas, desembocó en una crisis de crecimiento que puso en evidencia la fragilidad de las instituciones republicanas.

+ Diferencias entre clases sociales


En segundo lugar, las diferencias entre las clases sociales, que favorecieron el proceso de disgregación. La oligarquía tradicional incrementó todavía más su poder político, económico y militar, sin querer renunciar al monopolio del poder, ni siquiera con concesiones parciales a los grupos ascendentes. Por su parte, los caballeros y la burguesía adinerada, que habían visto aumentar considerablemente su poder económico y político gracias al abastecimiento del ejército, al cobro de impuestos y de derechos de aduana, a la realización de obras públicas y a los transportes marítimos, sólo ocasionalmente conseguían participar en la dirección del estado. Finalmente, las clases populares, sin poder aguantar por más tiempo sus precarias condiciones de vida, reaccionaban con sublevaciones violentas manipuladas a menudo por cabecillas hábiles y desaprensivos.

+ Cambio de mentalidad de las clases dirigentes


Un componente fundamental de la crisis fue también el cambio de mentalidad de las clases dirigentes, que tenían la convicción de ser ciudadanos privilegiados con un gran poder. Prevalecieron el deseo desenfrenado de riqueza, la tendencia al parasitismo y la disposición a la violencia. Como consecuencia, en la vida política se extendieron la corrupción electoral y el ejercicio desaprensivo del poder, lo que acarreó el descrédito a las instituciones republicanas. Los jefes militares adquirieron gran importancia gracias a las riquezas acumuladas a expensas de las provincias y a menudo utilizaron sus ejércitos como elementos de la lucha política, como electores o como activistas: se trataba, en realidad, de ejército mercenarios que combatían únicamente para obtener ventajas y recompensas.

+ Pérdida del papel de guía de la vida política de las instituciones en general


Las instituciones en general perdieron el papel de guía de la vida política por la ausencia de una voluntad decidida de renovación, la discontinuidad de la línea de gobierno y, sobre todo, la ausencia de una mayoría estable.

+ División en la clase dirigente


La clase dirigente estaba profundamente dividida. Cada grupo se había atrincherado en la defensa de sus propios privilegios y estaba más atento a salvaguardar sus intereses particulares que a reconstruir la unidad del estado. También las clases subalternas apostaban por la ruptura. Los propios comicios contribuyeron a la disgregación de las instituciones. Violencia, corrupción y demagogia se impusieron como formas privilegiadas de lucha política. La mayoría de los ciudadanos había abandonado la vida pública en manos de aguerridas minorías a sueldo de los principales candidatos a las magistraturas.

+ El senado, incapaz de asegurar el equilibrio interno del Estado


Ni siquiera el senado podía garantizar su función originaria de organismo que asegura el equilibrio interno del Estado. Administrado todavía según los antiguos reglamentos, estaba gestionado por una restringida oligarquía que actuaba en defensa de sus intereses particulares y, sobre todo, de sus privilegios.

+ Magistraturas: violación de la anualidad y colegialidad de los cargos, magistraturas compradas por la fuerza de las armas, etc.


Tampoco las magistraturas quedaron al margen del deterioro general. Se violaron la anualidad y la colegialidad de los cargos, de modo que un mismo magistrado cubría durante varios años el mismo cargo sin otra razón de peso que la consolidación de su propio poder.

Se afirmaron asimismo nuevas costumbres institucionales. Entre las más perjudiciales estaba la tendencia a reunir en un solo magistrado la dirección del estado, ya que fuera renovando durante varios años el mandato, o concentrando en una persona poderes antes de separados.

También resultó muy nociva la legitimación a posteriori, con votaciones compradas, de magistraturas conquistadas por la fuerza de las armas. Los acuerdos personales, presentes desde siempre en la vida de la república, adquirieron en este momento carácter formal y llegaron a ponerse por encima de la constitución.

La profunda crisis de las instituciones republicanas no parecía dejar otro camino que el de un poder personal que guiara al estado de forma unitaria, aunque con carácter despótivo o totalitario.


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Artículo 31 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.