Se podría pensar que, por su traducción, el delito de furtum romano equivalía al actual hurto, nada más lejos de la realidad.
Y es que la noción romana de furtum abarcaba figuras los actos de sustracción de los actuales hurto y robo, pero además aquellas situaciones que hoy día consideraríamos o calificaríamos de abuso de confianza, como incumplimientos de contratos, estafas y lesiones a situaciones de posesión.


