viernes, 29 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (VI): capacidad de obrar

Se llama "capacidad de obrar" a la posibilidad de celebrar actos que tengan existencia en el mundo jurídico. Para el Derecho sólo son verdaderos "actos", es decir, exteriorizaciones de una voluntad –sea lícita o ilícita–, los procedentes de personas "capaces de obrar". La capacidad de obrar ofrece dos manifestaciones, según que se refiere a la celebración de negocios jurídicos o a la capacidad para delinquir.

Capacidad de obrar y Derecho romano

La primera es la que el Derecho exige para poder formular declaraciones libres de voluntad jurídicamente válidas. Se incluye en ella el poder necesario para regir y decidir autónomamente los negocios propios, sin la mediación de nadie. Quien goza de plena capacidad para celebrar negocios jurídicos, la tiene también para gobernar los suyos personales con plena autoridad e independencia.

jueves, 28 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (V): cláusulas

Los efectos propios y normales de un negocio jurídico pueden sufrir alteración mediante ciertos pactos accesorios incorporados por las partes. Estos pactos, que reciben el nombre de "cláusulas" o "accidentalia negotii", se reducen a tres fundamentales: la condición –condicio–, el término –dies– y el modo –modus–.

Antigua Roma y Derecho romano

- Condición


La condición es un hecho futuro e incierto, a cuya realización subordinan las partes la efectividad del negocio jurídico, y puede ser suspensiva o resolutoria, según que marque su comienzo o terminación. Al realizarse la condición, si es "suspensiva", el negocio empieza a producir, ipso iure, sus efectos normales; los cuales cesan, también ipso iure, si la condición es "resolutoria".

sábado, 23 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (IV): la donación

De los diferentes negocios jurídicos de Derecho privado que responden a la causa credendi, solvendi y constitución de dote, nos limitaremos aquí a estudiar la donación. La causa donandi no obedece a ningún interés concreto ni tiene fisonomía específica.

Donacion y Derecho romano

La donación es un acto de transmisión patrimonial hecho por mera liberalidad; es decir, sin otro fin que enriquecer al donatario.

jueves, 21 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (III): motivos y causa

Analizamos el motivo y la causa del negocio jurídico en Derecho romano.

Antigua Roma y negocios juridicos

- Motivo del negocio jurídico


El motivo es la idea o intención que da nacimiento al negocio jurídico en la mente de quien lo celebra. Es puramente el resorte que mueve la voluntad, base y esencia del negocio jurídico, pero sin incorporarse a ella; razón por la cual para nada influye en su carácter ni significación. Jurídicamente, la voluntad del que compra un libro no varía porque lo adquiera para leerlo o para regalarlo. Los motivos son necesariamente extraños a la eficacia jurídica del negocio: el Derecho no se para a considerar si el contratantes alcanza o no los fines que personalmente apetece: falsa causa non nocet. Los motivos, por tanto, y consiguientemente el error acerca de ellos, carecen, por regla general, de relieve jurídico.

miércoles, 20 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (II): análisis del negocio jurídico

El nervio del negocio jurídico –por ejemplo, una compraventa, un arrendamiento, etc.– reside siempre en una declaración de voluntad. Entraña, por tanto, dos elementos: una voluntad y una declaración que la expresa. Examinémoslos por separado.

Moneda de oro romana y Derecho romano

- La voluntad


Los vicios conscientes y manifiestos de la voluntad anulan el negocio jurídico. Casos de este género son la "simulación" y las declaraciones hechas por broma. Se dice que hay simulación cuando ambas partes –el declarante y el destinatario de la declaración–, de mutuo acuerdo y conscientemente, desvían de la voluntad la declaración. Por ejemplo: fingen celebrar un contrato de venta con el solo propósito de elevar, a los ojos de un tercero, el precio de la cosa. El negocio aparente es nulo. Si bajo él encubre otro real y efectivo –supóngase, verbigracia, que las partes del ejemplo anterior quisieron contratar la venta de la cosa, aunque por precio inferior–, éste –el "disimulado– es el que prevalece y rige, siempre que concurran los requisitos necesarios. La declaración está viciada de broma cuando tan sólo el declarante sabe que no responde a su verdadera voluntad, si bien cree darlo a entender y patentizarlo con suficiente evidencia. Tales declaraciones son también nulas; sin embargo, cuando la persona a quien se dirigen, por equívoco excusable, las tome en serio, el declarante –según el Derecho moderno– tiene que responder del llamado "interés contractual negativo"; es decir, indemnizar al otro contratante los daños causados por la falsa celebración del negocio; es un caso de "culpa in contrahendo", que engendra responsabilidad por invalidez culposa de un negocio jurídico.