jueves, 4 de agosto de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (VII): la representación

No todos los negocios jurídicos puede celebrarlos personalmente el propio interesado. El loco, por ejemplo, no puede comprar –con validez ante el Derecho– un panecillo, por muy rico que sea, porque se halla jurídicamente incapacitado para contratar. Otras veces, la imposibilidad no es jurídica, sino meramente material, como, verbigracia, la que impide al comerciante realizar en persona todos los negocios de su industria.

Representacion y Derecho romano

Cuando la imposibilidad sea de este orden, es decir, meramente material, el interesado puede valerse, para cerrar el contrato, de un nuntius o "mensajero", en el supuesto de que desee celebrarlo por sí mismo. El "nuntius" se limita a servir de instrumento mediador, mecánicamente, lo mismo que podría hacerlo una carta, sin intervenir personalmente en la contratación. A través de él y por su ministerio formula el interesado sus propias declaraciones. Se limita, pues, el nuntius, a servir de órgano transmisor de declaraciones ajenas. Mas puede también ocurrir que el interesado no desee celebrar el negocio personalmente; en este caso, le es forzoso otorgar un poder a otra persona para que contrate en nombre suyo; es lo que hace, por ejemplo, el comerciante que pone a un dependiente al frente de su tienda o el fondista que coloca a su servicio un camarero. Aquí, son los actos del propio apoderado los que determinan la celebración del negocio, se consideran como realizados por la persona que él da el poder. Se dice entonces que el apoderado la representa, y, en tal calidad, emite y recibe, a nombre de aquélla, las declaraciones necesarias, relevando así al poderdante de celebrar personalmente el contrato y de emitir directamente la oferta o la aceptación. Tal es la misión del representante: declarar la voluntad constitutiva del negocio jurídico en sustitución del representado –el cual no formula la menor declaración– y recibir también por él las declaraciones de la otra parte; por ejemplo: aquella en que le comunique la rescisión o aceptación del contrato, la compensación de la deuda, etc., todas estas manifestaciones de voluntad se perfeccionan al llegar a su conocimiento. Es, pues, representante quien emite como propia la declaración que engendra un negocio jurídico o se hace cargo del mismo modo de la formulada por otra persona, pero no en su propio nombre, sino en el de un tercero. Para que exista representación, es preciso que los efectos jurídicos del negocio nazcan directamente en cabeza de la persona representada, o, lo que es lo mismo, que el negocio se contraiga en nombre ajeno.

viernes, 29 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (VI): capacidad de obrar

Se llama "capacidad de obrar" a la posibilidad de celebrar actos que tengan existencia en el mundo jurídico. Para el Derecho sólo son verdaderos "actos", es decir, exteriorizaciones de una voluntad –sea lícita o ilícita–, los procedentes de personas "capaces de obrar". La capacidad de obrar ofrece dos manifestaciones, según que se refiere a la celebración de negocios jurídicos o a la capacidad para delinquir.

Capacidad de obrar y Derecho romano

La primera es la que el Derecho exige para poder formular declaraciones libres de voluntad jurídicamente válidas. Se incluye en ella el poder necesario para regir y decidir autónomamente los negocios propios, sin la mediación de nadie. Quien goza de plena capacidad para celebrar negocios jurídicos, la tiene también para gobernar los suyos personales con plena autoridad e independencia.

jueves, 28 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (V): cláusulas

Los efectos propios y normales de un negocio jurídico pueden sufrir alteración mediante ciertos pactos accesorios incorporados por las partes. Estos pactos, que reciben el nombre de "cláusulas" o "accidentalia negotii", se reducen a tres fundamentales: la condición –condicio–, el término –dies– y el modo –modus–.

Antigua Roma y Derecho romano

- Condición


La condición es un hecho futuro e incierto, a cuya realización subordinan las partes la efectividad del negocio jurídico, y puede ser suspensiva o resolutoria, según que marque su comienzo o terminación. Al realizarse la condición, si es "suspensiva", el negocio empieza a producir, ipso iure, sus efectos normales; los cuales cesan, también ipso iure, si la condición es "resolutoria".

sábado, 23 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (IV): la donación

De los diferentes negocios jurídicos de Derecho privado que responden a la causa credendi, solvendi y constitución de dote, nos limitaremos aquí a estudiar la donación. La causa donandi no obedece a ningún interés concreto ni tiene fisonomía específica.

Donacion y Derecho romano

La donación es un acto de transmisión patrimonial hecho por mera liberalidad; es decir, sin otro fin que enriquecer al donatario.

jueves, 21 de julio de 2016

Negocios jurídicos en el Derecho de la antigua Roma (III): motivos y causa

Analizamos el motivo y la causa del negocio jurídico en Derecho romano.

Antigua Roma y negocios juridicos

- Motivo del negocio jurídico


El motivo es la idea o intención que da nacimiento al negocio jurídico en la mente de quien lo celebra. Es puramente el resorte que mueve la voluntad, base y esencia del negocio jurídico, pero sin incorporarse a ella; razón por la cual para nada influye en su carácter ni significación. Jurídicamente, la voluntad del que compra un libro no varía porque lo adquiera para leerlo o para regalarlo. Los motivos son necesariamente extraños a la eficacia jurídica del negocio: el Derecho no se para a considerar si el contratantes alcanza o no los fines que personalmente apetece: falsa causa non nocet. Los motivos, por tanto, y consiguientemente el error acerca de ellos, carecen, por regla general, de relieve jurídico.