lunes, 27 de junio de 2016

Sujetos de las obligaciones en Derecho romano (I): obligaciones ambulatorias

De ordinario, el vínculo obligacional se establece entre dos sujetos individualmente determinados ab origine, esto es, desde el momento mismo en que aquél nace. Sin embargo, existen obligaciones en las que el sujeto activo o el pasivo, o los dos al propio tiempo, no se hallan determinados, de manera individual, en el momento de constituirse, si bien encierran una prestación que debe ser realizada o puede ser exigida por la persona que se encuentre en cierta situación. Son éstas las obligaciones ambulatorias.

Obligaciones ambulatorias y Derecho romano

- Casos principales de obligaciones ambulatorias


Los casos principales de obligaciones ambulatorias son los siguientes:

+ La obligación de resarcir el daño causado por un animal o por un esclavo, que atañe al dominus que tiene la propiedad o ejerce la potestad sobre uno u otro en el momento de intentar la actio el perjudicado –noxa caput sequitur–.

domingo, 26 de junio de 2016

Historia del Derecho romano (XII): el Imperio monárquico y la legislación imperial

Con Diocleciano se abre la segunda etapa del Imperio romano, que comienza, aproximadamente, en el año 300.

Diocleciano y Derecho romano

La fuerza expansiva del Edicto pretorio decae bajo Adriano, y la jurisprudencia deja de constituir un poder independiente desde fines del siglo III. Por la misma época, el Poder imperial, consolidado ya como Monarquía, monopoliza, con el gobierno político, la dirección de la vida jurídica.

sábado, 25 de junio de 2016

Historia del Derecho romano (XI): fuentes del Derecho bajo el Imperio republicano

El Imperio romano atraviesa dos épocas. En la primera –el Principado– el emperador –princeps– se considera simplemente "el primer ciudadano" de la República; en la segunda –que empieza con Diocleciano y Constantino– tiene ya prerrogativas de monarca. Esta transición política se refleja en la historia del Derecho. El princeps de la primera época carece de poder legislativo; el monarca de los siglos IV y siguientes se arroga facultades de legislador. Bajo el Imperio republicano –que llega hasta el año 300 d.C. aproximadamente– el príncipe interviene en la vida jurídica decidiendo casos aislado –mediante "decretos" e "interlocuciones"–, dictaminando sobre litigios –mediante "rescriptos"–, dando instrucciones a los funcionarios –en forma de "mandatos"– y notificando al pueblo sus "edictos".

Antigua Roma y fuentes del Derecho romano

Decretos y rescriptos participan del mismo carácter; son medios de "interpretación auténtica". El emperador da la ley, a la par que la aplica al caso concreto. Los rescriptos pueden dictarse, bien a instancia de parte –que es el caso más frecuente– o de un magistrado, y adoptar la forma de respuesta en carta aparte –epístola– o la de una nota marginal, en el pliego de la misma instancia –suscriptio–. La resolución en ellos contenida tiene fuerza general, análoga a la de la ley (legis vicem) y equivale, por tanto, si se hace pública –proponere–, a una interpretación "auténtica". Los decretos y los rescriptos se mantienen en vigor, al igual que los responsa prudentium, aunque su autor no continúe en el Poder. La interpretación que se dice "auténtica" comparte siempre la fuerza obligatoria de la ley interpretada.

viernes, 24 de junio de 2016

Historia del Derecho romano (X): la jurisprudencia romana

La jurisprudencia romana tuvo su origen en el Colegio de los pontífices, asesores técnicos, primero de la justicia real, y más tarde, de los cónsules y pretores. Sus conocimientos del Derecho estaban relacionados con la ciencia de la religión y la astrología. Su misión era interpretar la voluntad divina, clave, para los antiguos, de todo el orden jurídico. Conocían el Derecho sacro y el calendario; sabían de los días hábiles para litigar –dies fasti– y de los inhábiles –dies nefasti–. Su condición de asesores de los tribunales les abría los arcanos de las fórmulas procesales –legis actiones– y actos jurídicos. El conocimiento que del texto literal de la ley tenían, les permitía interpretarla y aplicarla en los procesos, contratos y transacciones –interpretatio–.

Jurisprudencia romana y Derecho romano

En la jurisprudencia romana brilla, desde su origen, una exquisita cautela y un gran dominio de la forma, que, bien entendida, no esclaviza el pensamiento, antes lo encamina a sus fines. Bajo los pontífices se vislumbran ya las formas severas y a la par dúctiles, las líneas armónicas del estilo clásico, por las cuales el Derecho romano se distingue, por modo tan inconfundible, de la ciclópea masa del antiguo Derecho alemán. Esta ciencia se guardaba celosamente en el Colegio de los pontífices, donde la perpetuaban las enseñanzas de estos dignatarios. Sólo ellos podían consultar el archivo del Colegio, en el que se custodiaban los praejudicia o antiguos dictámenes –responsa y decreta–, base y norma de la práctica procesal. Por consiguiente, la interpretatio, que fijaba inapelablemente, en cada caso, la forma de las acciones y actos jurídicos –es decir, la jurisprudencia de aquella época– era ciencia secreta de una comunidad sacerdotal, a la vez que prerrogativa de la clase patricia, puesto que ésta gobernaba el pontificado. Se comprende, pues, que la publicación por Gnaeo Flavio (año 304 a.C.) y Sexto Aelio (204 a.C.) de las legis actiones o formularios procesales coleccionados por los pontífices y conocidos hoy con los nombres de ius Flavianum y ius Aelianum, se celebra como un gran triunfo popular. Una nueva era surge cuando Tiberio Coruncanio, el primer plebeyo que desempeña el pontificado (hacia el año 254 a.C.) se declara dispuesto a informar sobre materias de Derecho a cuentos le consultasen. Antes de él sólo contestaban a las consultas que les elevasen los magistrados o las partes interesadas en un litigio, y siempre sobre casos concretos, sin descubrir las normas generales en que se inspiraban. En la consulta de Tiberio Coruncanio se encierra ya un germen de enseñanza jurídica: todo el mundo puede, ahora, satisfacer su interés, aun meramente teórico, por conocer el Derecho vigente. Las puertas de la jurisprudencia se abre a todos. Este magisterio público del Derecho que alboreaba, necesariamente tenía que provocar una especial literatura. Al cesar el imperio jurídico de los pontífices, su herencia pasa al pretor y a la jurisprudencia profana, a los juristas. Aquel mismo Sexo Aelio, que hemos citado –Sextus Aelius Paetus Catus, cónsul en el año 198 a.C.–, llamado "el prudente" –catus–, compone una obra, los "Tripertita" –commentaria tripertita–, que no es ya una mera colección de fórmulas, sino un verdadero comentario a las XII Tablas, formularios de actos jurídicos y acciones procesales; es el primer libro en que un escrito expone el ius civile pontifical, aunque sólo sea bajo forma de excolios exegéticos; el primer tratado, en suma, de Derecho: "cuna de la literatura jurídica" lo llama Pomponio. La ciencia del Derecho se emancipa de los pontífices y se incorpora al acervo de la cultura nacional, templándose en las profundas y fuertes influencias de la literatura griega, que la ennoblecen, y sobre todo en los métodos científicos de la filosofía estoica. Pronto se comprendió la necesidad de dar a las cuestiones jurídicas, áridas de suyo, una forma adecuada de exposición. En M. Porcio Catón, el joven –muerto en el año 152 a.C.–, se advierte ya el esfuerzo por inducir del cúmulo de materias contenidas en las normas jurídicas ciertas reglas generales –regulae iuris– e ideas fundamentales, por arrancar la estatua a la cárcel del mármol. El más eminente de estos "veteres" –que así llaman los clásicos a los antiguos jurisconsultos– es Qu. Mucio Scaevola el joven, pontifex maximus. Hacia el año 100 a.C., escribe su extensa y famosa obra (en 18 libros) sobre el ius civile, en la que, por vez primera, se expone sistemáticamente, siguiendo un cierto orden de materias, el Derecho privado, y que sirve de modelo a todos los estudios posteriores. Scaevola abandona el plan tradicional, que seguía exegéticamente, paso a paso, la letra de la ley, o de los formularios de las acciones y actos jurídicos, y no se contenta ya con presentar cuestiones y casos aislados. Divide y ordena su obra por grupos de normas y categorías. Es el primer jurista que esboza con trazos firmes las instituciones jurídicas –testamento, legado, tutela, sociedad, venta, arrendamiento, etc.– y las clasifica por genera. Es también el primero que se preocupa por penetrar en los conceptos jurídicos y desenmarañar los hilos de que está tejida la trama, tan intrincada y a primera vista indiscernible, de los casos concretos. Esto explica la gran importancia y éxito inmenso de su obra. Gracias a ella, el Derecho privado va cristalizando en unidad y sometiendo a disciplina el tropel confuso de sus normas.

sábado, 11 de junio de 2016

Historia del Derecho romano (IX): el Edicto perpetuo de Adriano

El período de florecimiento del Edicto pretorio coincide con el último siglo de la República. La parte principal de la obra que la historia encomienda al pretor quedaba realizada. El Derecho honorario –ahora en la plenitud de su desarrollo, dotado de instituciones contrastadas por la tradición, y fondo invariable de los Edictos "traslaticios"– se revela a la conciencia colectiva como potencia soberana, equiparable al Derecho civil. El nuevo Estado imperial pone fin a esta prepotencia y cercena el desarrollo ulterior del Derecho pretorio.

Edicto perpetuo de Adriano y Derecho romano

El ius edicendi tenía su origen en los antiguos poderes aristocráticos de las magistraduras republicanas. El imperio, cada día más fuerte, no podía seguir tolerando que otro poder independiente se merma su soberanía. Y así, al cabo, ocurrió en este orden lo que en las demás esferas de la vida política: bajo el respeto a las formas tradicionales, prevalece la idea monárquica.