domingo, 1 de julio de 2018

Cayo Julio César


Cayo Julio César, uno de los militares y estadistas más grandes de la historia, como él mismo se encargó de subrayar en sus obras literarias, sentó las bases del Imperio romano, que su ahijado Augusto habría de completar.

Estatua del Emperador Cayo Julio Cesar

- El comienzo de la carrera de César


César procedía de una de las familias más antiguas y nobles de Roma, los Julios, que se decían descendientes del mítico Eneas. Sin embargo, el hecho de que su tía Julia estuviera casada con Mario, y él mismo con Cornelia, hija de Cinna, introdujeron al joven aristócrata en el partido democrático. Esto provocó su exilio tras la victoria del dictador Sila (82 a.C.), a pesar de que su estilo de vida disipado y ostentoso no hacía prever al ambicioso y genial político en que se convirtió. Volvió a Roma tras la muerte de Sila (78), y emprendió su carrera política acusando de concusión a Cornelio Dolabella y Antonio Hibrida, antiguos partidarios de aquél (77-76). Poco después estudió oratoria en Rodas con el famoso maestro Molón (74-73). A su regreso a Roma, invirtió grandes sumas de dinero y contrajo numerosas deudas para impulsar su carrera. Craso fue su aliado y principal acreedor. Fue cuestor en el 68, senador en el 67 y edil en el 65. En este último puesto se ganó el favor de la plebe, organizando grandes juegos y realizando obras públicas en el foro. También estuvo implicado en las fracasadas conspiraciones de Craso y Catilina, pero su prudencia y habilidad le permitieron salir indemne. Incluso, desde su nuevo cargo de pontífice máximo (63), logró el perdón de los conjurados. Fue pretor en el 62, y al año siguiente le nombraron propretor en Hispania Ulterior, cargo que necesitaba para afianzar su posición. Algunas victorias militares, la fama de buen administrador y un importante botín fueron sus logros, que explotó hábilmente a su regreso a Roma (60), donde estableció con Pompeyo y Craso, sus potenciales rivales, una asociación privada (triunvirato) para repartirse el poder al margen del Senado. Al año siguiente fue nombrado cónsul, y desarrolló una importante labor legislativa, venciendo la oposición de su colega conservador Bíbulo. Dos leyes agrarias repartieron las tierras del Estado entre los veteranos de Pompeyo y el proletariado de Roma. También obligó a hacer públicas las deliberaciones del Senado, y a rendir cuentas de su actuación a los gobernadores provinciales, lo que aumentó enormemente su popularidad.

Julio Cesar y la historia de Roma

- La guerra de las Galias


Tras su actuación consular, César procuró que el nombramiento proconsular que le correspondía sirviera a sus ambiciones. Maniobró para que el Senado le nombrara procónsul por cinco años en Iliria, la Galia cisalpina y la Narbonense, y dejó en Roma a sus partidarios Cornelioa Balbo y Clodio. Estos territorios, especialmente la Galia, ricos y bien poblados, permitirían a un hombre de su talento y ambición obtener las riquezas, el prestigio y el poder militar necesarios para adueñarse de la misma Roma. Efectivamente, entre el 58 y el 51 a.C., César desarrolló una serie de campañas militares, que él mismo narró en sus Comentarii de bello Gallico (Comentarios de la guerra de las Galias), obra maestra de la literatura latina y de la propaganda política. Interviniendo como aliado de unos pueblos contra otros, pronto se hizo con el control de casi todo el territorio hasta el Rhin (55), e incluso realizó dos expediciones contra la isla de Gran Bretaña (55 y 54). En el invierno del año 54 estalló una rebelión de los galos eburones y trevinos, y dos años después, una insurrección general en el centro de la Galia, acaudillada por Vercingetórix, que logró vencer a César en Gergovia. Sin embargo, la capitulación del jefe galo en Alesia y la toma por César de Uxellodunum (51) ultimaron la pacificación de la Galia, convertida en provincia romana.

Cayo Julio Cesar y las guerra de las Galias

- La guerra civil


Mientras, el acuerdo de Lucca (56) había renovado el triunvirato, así como el proconsulado de César en la Galia. Pero la muerte de Craso en Oriente, en la lucha contra los partos (53), dejó a César, además de libre de importantes deudas, solo frente a Pompeyo, cuya esposa Julia, hija de César, había muerto un año antes. Pompeyo, nombrado cónsul único (52) por un Senado que veía en él al defensor de sus prerrogativas oligárquicas, exigió a César que licenciara su ejército y volviera a Roma como simple ciudadano. César prometió hacerlo si Pompeyo hacía lo propio, pero el Senado se negó, dando a Pompeyo poderes extraordinarios para que sometiera a César. Éste, tras algunas vacilaciones, cruzó con su ejército el río Rubicón –fue entonces cuando pronunció la frase alea iacta est ("la suerte está echada")–, límite de su provincia, y entró en Italia (50); inició entonces una campaña por el dominio del mundo romano, que también relató en su De bello civili (Comentario de la guerra civil). Las fuerzas de Pompeyo no fueron rival para sus tropas, aguerridas y ciegamente fieles tras años de campañas; Pompeyo se vio obligado a huir a Grecia con gran parte del Senado. César se adueñó de Italia y pasó después a Hispania, tras tomar Marsella, que se había pasado a los pompeyanos. En Lérida derrotó al ejército pompeyano de Hispania (49), mostrando su acostumbrada clemencia con los romanos vencidos, lo que hizo que gran parte de las tropas abrazaran su causa. Vuelto a Roma, fue nombrado cónsul y dictador por un Senado que tenía dominado (48). Pasó entonces a Grecia, y logró vencer a Pompeyo en Farsalia (9 de agosto de 48), persiguiéndole hasta Egipto, donde lo asesinaron los agentes del rey Tolomeo Auletes. César castigó a los asesinos, y en la disputa por el trono entre Tolomeo XIV y su hermana Cleopatra, se inclinó por ésta, con la que inició una relación amorosa. Con la ayuda del rey Mitrídates de Pérgamo (47) hizo frente a una rebelión en Alejandría. Poco después, Farnaces II, el hijo de Mitrídates, se enfrentó a los romanos en su expansión por Asia Menor. César le venció en Zela (47). Al año siguiente se dirigió a África, donde derrotó a los pompeyanos en Tapso (6 de abril), y después acabó en Hispania con sus últimos adversarios, reunidos en torno a Sexto Pompeyo, el hijo de Pompeyo Magno, a los que redujo en Munda (17 de marzo de 45), cerca de Córdoba.

Guerra civil entre Pompeyo y Cesar

- La organización del Imperio de Cayo Julio César


La victoria aseguró a César el dominio del mundo romano, apoyado en sus conquistas, la fidelidad del ejército y las riquezas obtenidas. Camufló su poder con la acumulación de magistraturas republicanas, como dictador o cónsul, renovadas y ampliadas sucesivamente, hasta que en el año 44 alcanzó el nombramiento de dictador vitalicio. También se apropió de las atribuciones de censor y tribuno de la plebe, que como cónsul y patricio le estaban negadas legalmente. El Senado le confirió poderes y honores extraordinarios: derecho de paz y de guerra, nombramiento de patricios y senadores, elección de magistrados y gobernadores provinciales, capacidad para decretar leyes, convocar los comicios y al Senado o la dignidad permanente de imperator (vencedor), lo que le permitía lucir la púrpura y el laurel. Fue autorizado para acuñar moneda con su efigie, e incluso se le erigió una estatua en el templo del Quirinal; asimismo, dio su nombre a un mes del calendario que él mismo había reformado.

Con estas atribuciones emprendió una ingente labor legislativa y administrativa. Disminuyó los poderes del Senado y aumentó el número de sus miembros a 900, introduciendo en él a provinciales, financieros, militares y todo tipo de partidarios, con lo que la institución dejó de ser el reducto de la oligarquía aristocrática romana. También incrementó el número de magistrados y cónsules, para evitar la formación de un poder fuerte en su ausencia. Por otro lado, practicó una política generosa con los enemigos vencidos, otorgándoles cargos para asegurar su fidelidad. Con el mismo fin estableció a los veteranos del ejército en nuevas colonias provinciales: Híspalis (Sevilla), Arles, Narbona, Cartago, Corinto, etc. Organizó espectaculares festejos en Roma para atraerse el favor popular, pero también redujo el número de beneficiarios de las distribuciones gratuitas de alimentos. Interesado en sanear la capital imperial en todos los aspectos, realizó importantes obras públicas (incluyendo la ampliación del puerto de Ostia), prohibió la violencia callejera, y distribuyó tierras, procedentes de las confiscaciones a los pompeyanos y del desecamiento de las marismas pontinas, a 80.000 romanos. La Lex Iulia municipalis favoreció la autonomía de provincias y municipios, y permitió ejercer mayor control sobre los gobernadores provinciales. También extendió ampliamente el derecho latino y el de ciudadanía en las provincias, y atacó los abusos de los financieros y los arrendadores de impuestos. Incluso se ocupó de introducir mayor moralidad en la vida pública y privada. En suma, estaba decidido a fundar un Estado sólido y bien administrado.

Resulta sorprendente la magnitud de esta labor, sobre todo si se tiene en cuenta que fue realizada en muy poco tiempo. Efectivamente, entre la victoria de Munda y su muerte en Roma medió aproximadamente un año. Su asesinato se debió a su único error político, ambicionar el título de rey, lo que iba contra las tradiciones y el sentir del pueblo romano. Ya durante las fiestas Lupercales (febrero del 44), su lugarteniente Marco Antonio trató de ceñirle una diadema, símbolo helenístico de la realeza, pero César la rechazó ante los murmullos reprobatorios del público. Lo cierto es que la dignidad real convenía a sus planes de expansión en Oriente, cuna de una larga tradición de monarquías de derecho divino. Así, obtuvo del Senado el título de rey fuera de Roma. Pero cuando iba a recibir el nombramiento fue apuñalado junto a la estatua de Pompeyo, en los idus (15) de marzo del 44. Los conjurados, dirigidos por su ahijado Bruto y por Casio, afirmaron actuar en defensa de las libertades republicanas, aunque los enemigos de César eran muchos y aunaban intereses muy variados, no siempre legítimos. En todo caso, su obra sería continuada poco después por su hijo adoptivo Octavio Augusto.

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- César y la guerra de las Galias (podcast)