Cuyacio, el más insigne jurisconsulto de la escuela francesa, vio la luz en Toulouse en 1522. Enseñó en Bourges, Cahors, Valence, París y Turín, y murió en Bourges el 4 de octubre de 1590. Tuvo alto, vivo y poderoso ingenio; su cultura fue tan extensa como profunda; publicó manuscritos, ilustró la mayor parte de las fuentes coleccionadas en el Corpus iuris; fue afortunado iniciador y promotor de las investigaciones grecobizantinas; se distinguía por su exquisito sentimiento histórico cuanto por su perspectiva jurídica.
- Cuyacio, el más insigne jurisconsulto de la escuela francesa
Cuyacio estudió directamente de los grandes jurisconsultos romanos (a los que hicimos alusión aquí y aquí), reunió los fragmentos de sus obras dispersas en las Pandectas y los expuso a nueva, verdadera y espléndida luz, siendo frutos de este trabajo las finas, maravillosas exégesis de Papiniano, de Paulo y de Africano. Dondequiera que dejó su huella, fue difícil y casi siempre imposible a otro alguno imprimirla más profunda, y aun hoy el romanista y el hombre de ciencia jamás recurren a él en vano. En Bourges sucedió a Balduíno; fue llamado a Valence, desde donde, muerto Duareno, volvió a Bourges. Margarita de Francia, duquesa de Berry, esposa de Manuel Filiberto, le quiso en Turín, donde permaneció durante los años 1566 y 1567. Las magníficas obras de Cuyacio fueron editadas cinco veces: la primera en París en 1658 y la última en Prato en 1835-47. Para el uso de las obras de Cuyacio es de gran utilidad el Promptuarium universorum operum Jacobi Cuiacii, de Albanesi.


