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viernes, 8 de agosto de 2014

Roma y Cartago: las guerras púnicas

En la historia griega, mientras que Atenas defendía, frente a la amenaza de los persas, el helenismo en la Grecia propia, Siracusa asumía el mismo papel en Sicilia, ante el peligro de invasión de los cartagineses. A pesar del desastre de Himera, los cartagineses no desistieron en su intento de extender su dominación en esta isla, que se alzaba frente a su metrópoli africana. Más tarde se darían las guerras púnicas, que enfrentarían a Roma y Cartago.

El ejercito de Cartago, que lucho contra Roma

En el curso del siglo IV a.C., volvieron los cartagineses repetidas veces al ataque, y de nuevo fueron contenidos por los griegos, dirigidos también por Siracusa. En el siglo III antes de Jesucristo, mientras Roma avanzaba sobre el helenismo en Italia, Cartago lo amenazaba en Sicilia, adonde acudió Pirro en su defensa. En una y otra parte, los griegos cedieron ante sus respectivos enemigos y dejaron enfrentados a dos poderosos rivales, dispuestos a disputarse la Isla de Sicilia y, con ella, el predominio en el Mediterráneo Central.

viernes, 12 de octubre de 2012

Historia de Roma (XIX): Roma entre las dos guerras púnicas

Los años que siguieron a la primera guerra púnica estuvieron marcados por la rápida expansión de Roma y la grave crisis financiera que se abatió sobre Cartago.

Cerdeña, conquista romana
Paisaje costero en Cerdeña, que sería conquistada por los romanos.

- Roma conquista Cerdeña y Córcega les es entregada por los cartagineses


Los mercenarios cartagineses se rebelaron para obtener el pago de su salario, dando origen a una sangrienta revuelta que fue sofocada por el general cartaginés Amílcar. Los romanos se aprovecharon de ello y, violando los acuerdos de paz, desembarcaron en Cerdeña con el pretexto de ayudar a los rebeldes (238 a.C.). Después de tímidas tentativas de resistencia, los cartagineses se vieron obligados a entregar también Córcega.

+ Sicilia, Cerdeña y Córcega, provincias romanas


Las tierras conquistadas fueron anexionadas por Roma con un nuevo estatus jurídico. A diferencia de las poblaciones itálicas, federadas al estado romano con distintos niveles de autonomía, las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega pasaron a ser provincias romanas y sus habitantes fueron considerados súbditos. El gobierno de estas provincias recayó en un magistrado romano con funciones de pretor (propretor), que ejercía su cargo durante un año y tenía poderes absolutos. Los súbditos, privados de libertades políticas, debían abonar como tributo anual un décimo de la cosecha (décima), a diferencia de los aliados itálicos, que no pagaban ningún impuesto a la ciudad latina.

- Últimas empresas bélicas de Roma antes de la segunda guerra púnica


Las últimas empresas bélicas de Roma antes de la reanudación de las hostilidades con Cartago, fueron la conquista de las costas de Iliria (Dalmacia) y la ocupación de la Galia cisalpina (Italia septentrional). Desde hacía tiempo los piratas ilíricos, a bordo de naves ligeras, atacaban a los navíos comerciales y rechazaban continuas razzias en las costas itálicas.

Cuando uno de los embajadores romanos enviado ante Teuta, la reina de los ilirios, fue asesinado, Roma intervino en el Adriático con una poderosa flota y obligó a los ilirios a pedir la paz y a someterse. Una suerte parecida corrieron los galos de Italia septentrional cuando cruzaron los Apeninos y se dirigieron hacia Etruria. La decidida contraofensiva romana obligó a los galos a retirarse, antes de sufrir una derrota definitiva en Casteggio, en 222 a.C. Toda la Italia septentrional, salvo Piamonte y Liguria, fue sometida por los romanos y convertida en provincia.

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Artículo 19 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

jueves, 11 de octubre de 2012

Historia de Roma (XVIII): la primera guerra púnica

La primera guerra púnica estalló cuando la ciudad de Mesina, ocupada por los mamertinos, una horda de mercenarios campanios, después de haber obtenido la protección de Cartago en su lucha contra Siracusa cambió de idea y pidió ayuda a Roma. El senado romano, ante los riesgos que comportaba acoger la petición, trasladó la decisión a la asamblea popular.

Primera guerra punica

- La ayuda contra Cartago: sectores a favor y en contra de la intervención en Roma


La mayor parte de la aristocracia terrateniente, partidaria de una política exterior prudente, era contraria a la intervención. Pero las clases comerciales y financieras, así como una parte del pueblo que esperaba fundar nuevas colonias en la rica tierra de Sicilia se mostraron favorables a la empresa. Animados por los cónsules, al fin los comicios populares aprobaron la petición aun sabiendo que desencadenaría la guerra con Cartago.

- Desembarco en Sicilia y ocupación de Mesina


En 264 a.C. el cónsul Apio Claudio desembarcó en Sicilia y ocupó la ciudad de Mesina, abriendo así las hostilidades. Para afrontar la amenaza romana, Gerón de Siracusa se alió con los cartagineses, pero fue derrotado y obligado a rendirse.

- Tras un largo asedio cae Agrigento, además de la flota cartaginesa


Después de siete meses de asedio cayó también la ciudad de Agrigento (262 a.C.), de modo que los cartagineses quedaron confinados al sector occidental de la isla. Los romanos no tardaron en comprender que debían atacar a la flota cartaginesa para cortar los aprovisionamientos procedentes de África e impedir los traslados de tropas. En menos de un año construyeron una flota de cerca de doscientas naves, y en 260 a.C., al mando del cónsul Cayo Duilio, derrotaron a los cartagineses en las aguas de Milazzo, gracias a una hábil estratagema que anuló la superioridad táctica enemiga. Las naves romanas, dotadas de un puente móvil llamado "corvo", en vez de entablar combate con las naves cartaginesas las atrapaban con este instrumento y lanzaban a los soldados al abordaje, apoderándose así con facilidad de las naves enemigas.

- Cartago, bajo sitio


En 256 a.C. los romanos decidieron dar un giro decisivo a la guerra poniendo sitio a Cartago. Después de una victoria naval en las aguas de Cabo Ecónomo (actual Poggio Sant' Angelo), la flota romana, dirigida por el cónsul Atilio Régulo, desembarcó en África con un ejército de 15.000 hombres. Régulo obtuvo algunos éxitos en las operaciones terrestres y Cartago se mostró dispuesta a firmar la paz, pero las condiciones impuestas por el cónsul resultaron finalmente inaceptables.

- Las legiones romanas son derrotadas en Tunicia


Los cartagineses reorganizaron entonces su ejército y derrotaron a las legiones romanas cerca de Tunicia (255 a.C.). Los pocos supervivientes esperaron inútilmente a la flota romana enviada en su ayuda, que había sido destruida por una tempestad. Los escenarios de la guerra volvieron a situarse en Sicilia con grandes pérdidas en hombres y recursos en ambos bandos.

- La flota cartaginesa es destruida por tercera vez por Cayo Lutacio Catulo


El último enfrentamiento entre las dos flotas se dio en 241 a.C. en las islas Egadeas, donde los romanos, al mando de Cayo Lutacio Catulo, destruyeron por tercera vez la flota cartaginesa.

- Cartago solicita y obtiene la paz, a cambio de una indemnización de guerra


Ante una situación cada vez más complicada, Cartago solicitó y obtuvo la paz después de haber aceptado abandonar Sicilia, pagar una fuerte indemnización de guerra y liberar sin ningún rescate a los prisioneros.

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Artículo 18 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Historia de Roma (XVII): Cartago y Roma

Según la tradición, Cartago fue fundada en 814 a.C. por colonos fenicios guiados por Dido, la reina destrinada de Tiro. La ciudad de África septentrional, situada a orillas del golfo de Túnez, se convirtió pronto en una gran potencia mercantil, con amplios intercambios comerciales y colonias propias en diversas zonas del Mediterráneo.

Ruinas de Cartago

Ya en el siglo V a.C. dominaba toda la cosa africana (desde el estrecho de Gibraltar hasta Egipto), muchas regiones del interior (Cirenaica, Libia, Numidia, Mauritania), la mayor parte de Sicilia, Cerdeña, Córcega y Baleares, así como algunos sectores de la costa española, Etruria y Liguria.

- El gobierno en Cartago


Cartago estaba gobernada por un régimen oligárquico. El poder supremo correspondía a dos magistrados, llamados sufetes, que eran elegidos anualmente. Órgano consultivo era el senado, compuesto por treinta miembros elegidos entre las más nobles familias de mercaderes. Había asimismo una asamblea de trescientos representantes del pueblo que se encargaba del nombramiento de los magistrados, pero que por lo demás tenía competencias restringidas y raras veces era convocada.

- El ejército cartaginés


El ejército estaba constituido por milicias mercenarias reclutadas por todo el Mediterráneo, de España a Libia, de Grecia a Oriente. En períodos de guerra, se elegía a los generales entre los cartagineses, quienes respondían de la marcha de las operaciones. Si una derrota podía atribuirse a la ineficiencia del mando, el general podía ser ejecutado mediante la crucifixión, la pena más infamante. Al contrario de lo que sucedía en Roma, el poder civil se mantenía al margen del militar, evitando así que el prestigio de los militares influyera en la vida política. Un tribunal ejercía el control del ejército.

- El comercio, principal actividad de Cartago


La actividad principal de Cartago era el comercio. Una red capilar de asentamientos militares y de puertos en todo el Mediterráneo aseguraba a la ciudad el monopolio de los intercambios comerciales entre África y Europa, en particular España. Las colonias servían ante todo como bases comerciales en las rutas de navegación o en las vías de tráfico. La más antigua fue Ibiza (654 a.C.), en las islas Baleares, seguida de Cádiz, Málaga y Cartagena en las costas españolas; Palermo, Trápani y Mozia en Sicilia; y Sulci, Tharros y Cagliari en Cerdeña.

- La agricultura cartaginesa


La agricultura, menos floreciente que el comercio, había alcanzado buenos niveles de productividad (vino, aceite, cereales), en particular en la provincia de Utica, en Mauritania y en Numidia. Fue precisamente esta diferenciación económica la que provocó una disensión profunda en el seno de la oligarquía cartaginesa, entre quienes se dedicaban al comercio, que querían potenciar los intercambios ultramarinos, y quienes tenían intereses exclusivamente terratenientes, que anteponían el desarrollo agrícola a cualquier conquista territorial. Este contraste constituyó a la postre el principal obstáculo para una política cartaginesa unitaria.

- Las relaciones entre Roma y Cartago


Las relaciones con Roma fueron amigables durante más de dos siglos. Entre ambas potencias existía un tratado de amistad, renovado en diversas ocasiones, que en sustancia reconocía a los cartagineses el monopolio del comercio en el Mediterráneo meridional y a los romanos de la costa tirrena. Pero las bases del acuerdo empezaron a tambalearse después de la victoria de los romanos sobre Pirro, y la consiguiente conquista de todo el sur de Italia.

La creciente expansión de Roma también alarmó a Cartago, que vio amenazada la integridad de sus colonias en Sicilia después de haber combatido durante más de dos siglos contra siracusanos y griegos.

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Artículo 17 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

martes, 9 de octubre de 2012

Historia de Roma (XVI): las guerras púnicas

En el siglo III a.C., las ciudades de Roma y Cartago, ambas en pleno ascenso político y militar, se disputaban el control del Mediterráneo. El inevitable enfrentamiento entre ambas se produjo en tres fases, al término de las cuales de Cartago sólo quedaron algunas ruinas.

Elefante cartagines y guerras punicas

- Tras dominar Italia, Roma apunta al Mediterráneo


Después de imponer su dominio en la península itálica, Roma se proyectó hacia el Mediterráneo a la conquista de la supremacía absoluta. Las exigencias de defensa y de seguridad que habían ocultado las verdaderas intenciones expansionistas en el sur de Italia, ya no podían justificar la continua expansión territorial. Las guerras de conquista se habían convertido en el sistema más cómodo para resolver los problemas internos y, para los nobles, en la condición indispensable para avanzar en la carrera política.

Pero eran sobre todo las ventajas materiales las que impelían a la oligarquía dirigente a emprender nuevas acciones bélicas. Las ciudades conquistadas se ponían bajo el patronazgo del general romano victorioso, y el patronazgo se transmitía de padres a hijos.

- Desarrollo de las guerras púnicas


+ Cartago y Roma

+ La primera guerra púnica

+ Roma, entre las dos guerras

+ La segunda guerra púnica

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Artículo 16 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.