viernes, 2 de diciembre de 2011

Las acciones de la ley y la importancia de las formalidades en el proceso



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Las legis actiones o acciones de la Ley, eran llamadas así muy posiblemente por su relación con la Ley de las XII Tablas que las regulaba, aunque varias de estas acciones ya se encontraban vigentes en la costumbre anterior. Las Instituciones de Gayo (4,30) nos han suministrado enseñanzas muy útiles sobre el más antiguo sistema procesal de Derecho romano.

Formalidades y balanza romana
Balanza romana, usada actualmente en una farmacia. Estas formaban parte, en ocasiones, de las formalidades romanas.

- ¿Qué eran las acciones de la ley?


Las acciones de la ley (aquí os enlazamos una entrada donde aparecen varios textos romanos que hacen referencia a las acciones de la ley en la fase "in iure" del proceso) eran recitaciones solemnes, acompañadas de gestos rituales, que la Ley prescribía de forma precisa y que los litigantes debían pronunciar ante el magistrado en la fase in iure. Se caracterizaban por su riguroso formalismo, y el particular que quería perseguir a otro en juicio debía pronunciar exactamente unas determinadas palabras previamente establecidas en la Ley, hasta tal punto que si se equivocaba en una sola de ellas perdía automáticamente el litigio.

+ La importancia de la formalidad en las acciones de la ley romanas


A este respecto, narra Gayo (4, 11) que quien al reclamar por unas cepas cortadas, mencionaba la palabras "cepa" en su acción, perdía el pleito, pues el ritual prescribía la palabra "árboles". Fue precisamente este complejo ritual, en el que se entremezclaban elementos sacros, mágicos y jurídicos, el que propició que las acciones de la Ley se hicieran odiosas para los litigantes (paulatim in odium venerunt, dice Gayo 4, 30), provocando su paulatino desprestigio y abolición definitiva, como ya hemos indicado.

- Desarrollo del proceso


El proceso, que se dividía en dos fases (in iure y apud iudicem), comenzaba con la citación en juicio (in ius vocatio), una suerte de conminación que el demandante dirigía oralmente al demandado para que acuda con él ante el magistrado (in ius); si el demandado no acudía, el demandante podía conducirlo ante el tribunal a la fuerza, procurando que el hecho tuviese lugar ante testigos.

Fuente:
Derecho Privado Romano, Antonio Ortega Carrillo de Albornoz.
Páginas 69-70.