lunes, 17 de diciembre de 2012

La crisis del siglo III d.C. en Roma | Historia de Roma (XLI)

El inicio del siglo III señala en Roma el comienzo de la transformación del poder imperial. Al principio, el papel del emperador se superponía al de los restantes organismos institucionales, formando una especie de diarquía con el senado (Julio-Claudios, Flavios, Antoninos). Pero ya en el siglo II d.C. el emperador se rodeó de un halo divino y consiguió mayores poderes, sobre todo en el terreno legislativo.

Lapida cristiana en Roma
Lápida con un ancla, una cruz y dos peces a los lados. Durante el siglo I d.C. se acentuó la divergencia entre paganos y cristianos en el Imperio romano.

- Acentuación del poder militar en el siglo III d.C.


La difícil situación del siglo III d.C. condujo a acentuar todavía más el poder militar, mientras seguía abierta la controvertida cuestión de la sucesión al cargo imperial, que había pasado de la herencia a la adopción para desembocar finalmente en un permanente estado de anarquía.

- El emperador, de princeps a dominus


En este marco, la autoridad imperial asumió una nueva fisonomía, configurándose como una monarquía parecida a la oriental. Basada en el ejército, concentró todos los poderes, de modo que el emperador pasó de princeps a dominus sin ningún límite en sus acciones. El cargo asumió una dimensión "teocrática", hasta el punto de que el emperador se atribuía el título de deus con claras intenciones ideológicas. Esta fórmula, por lo demás, estaba llamada a tener una larguísima fortuna histórica llegando hasta las puertas de la modernidad con Luis XIV.

- Causas que condujeron del principado al dominio


Las causas que condujeron del principado al dominio fueron múltiples. Ante todo la disolución del régimen aristocrático senatorial, que llevó consigo la decadencia de las instituciones republicanas, la completa desorganización del estado y el declive económico y social de Roma y de Italia. La impostación teocrática del poder se debió principalmente a la influencia de las concepciones orientales y acentuó los aspectos religiosos. También desempeñó su papel en el proceso la supremacía del ejército, que dominaba la escena política en una situación de anarquía general y de permanente estado de tensión en las fronteras. Hay que considerar asimismo la superioridad de las provincias, que transformó en profundidad el sistema administrativo de Roma, y por último, el cristianismo, que actuó como elemento unificador del imperio después de haber sufrido una prolongada represión.

- La crisis romana del siglo III d.C. en el terreno económico


En el terreno económico, se acentuó el malestar que reinaba en diversas regiones del imperio. Particularmente grave fue la crisis agrícola, que condujo a la despoblación de los campos, la expansión del latifundio de cultivos extensivos y de pastos, el cierre de los grandes dominios agrícolas y la casi total desaparición de los cultivos especializados. Ni siquiera en las colonias se pudieron atajar los problemas que afligían a la agricultura. También entraron en recesión las actividades económicas de los centros urbanos (crisis del artesanado, del comercio y de la industria) y las relaciones entre diversas regiones (comercio a gran escala). Desapareció así la cohesión económica entre Occidente y Oriente y aparecieron unidades locales autosuficientes que no podían igualar el bienestar de antaño. La acción discontinua del gobierno fue la causa principal de la desorganización que reinó en las pequeñas unidades territoriales. En algunos sectores de la actividad económica la intervención del estado creció hasta alcanzar un control casi total, pero aun así siguió siendo irregular, y en ningún momento guardó relación con las riquezas que realmente se producían sino que se orientó únicamente a obtener, a cualquier coste, los recursos necesario para hacer frente a las necesidades del ejército. Todo ello condujo a un proceso de decadencia generalizada que afectó a toda la cuenca mediterránea y a los diversos ámbitos de la vida social. Se intensificó la rivalidad entre paganos y cristianos, cuando estos últimos decidieron abstenerse, en señal de protesta, de cualquier actividad social. La admisión de los bárbaros en el ejército, consentida para suplir las dificultades de reclutamiento y para combatir al enemigo con sus propias tácticas de guerra, provocó la desnacionalización y la provincialización de las fuerzas armadas, además de una profunda transformación impuesta por el cambio de los sistemas de combate. Y ni siquiera estos cambios lograron detener las invasiones de los bárbaros, que se introdujeron en el interior del imperio.

- Las sucesivas guerras


Cuando los romanos cruzaron el Rin para conquistar las tierras que se extendían hasta el Elba, fueron repelidos por los germanos al mando de Arminio (9 d.C). Durante más de tres siglos, la situación permaneció prácticamente inmutable, con intercambios comerciales regulares entre las áreas germánicas y las romanas y sin enfrentamientos relevantes entre ambas partes. Pero en el siglo III d.C. los acontecimientos se precipitaron. Empujados a sus espaldas por otros pueblos, los germanos se pusieron en movimiento aumentando la presión en las fronteras hasta que la situación se hizo insostenible.

Las guerras se sucedieron a un ritmo incesante, y en algunos casos se decidió instalar a estos pueblos dentro de las fronteras del Imperio romano, englobándolos en el estado como campesinos y soldados. Pero la inmigración de los pueblos germánicos asumió en seguida tales dimensiones que todo el sistema de resquebrajó y se vino abajo.

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Artículo 41 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los emperadores adoptivos en Roma | Historia de Roma (XL)

A la muerte de Domiciano (que ya vimos en la entrada dedicada a la dinastía de los Flavios) se abrió un período caracterizado por la elección del sucesor. Los emperadores que accedían a la dirección del imperio no tenían descendientes directos. Se impuso entonces la adopción como la fórmula más válida para consolidar la vocación dinástica. Los emperadores podían elegir a su sucesor, adoptando a quien les parecía más digno de dirigir el estado o a quien podía contribuir al establecimiento de alianzas políticas o militares.

Marco Aurelio en la historia de Roma
Relieve que representa el triunfo de Marco Aurelio (161-180 d.C.). Marco Aurelio compartió el poder con su hermano Lucio Vero, en un logrado experimento diárquico que duró de 161 a 169 d.C.

- Marco Coceyo Nerva, primer emperador adoptivo en Roma


El primer emperador adoptivo fue Marco Coceyo Nerva, llamado por el senado para que sucediera al asesinado Domiciano. Nerva logró establecer una profunda colaboración entre emperador y senado, que duró hasta los Severos y dio pie a uno de los mejores períodos de la historia del imperio. Para obtener el apoyo del ejército adoptó a uno de los generales más brillantes del momento, Marco Ulpio Trajano, lo que contribuyó a reducir las fuertes tensiones que habían caracterizado los últimos años del reinado de Domiciano.

- El emperador Trajano


Después del breve imperio de Nerva, que sólo duró dieciséis meses, asumió la dirección del estado Trajano, quien ya había colaborado con el emperador.

+ El de Trajano, un sistema de gobierno equilibrado


Trajano estableció un sistema de gobierno equilibrado, devolviendo al senado sus funciones de órgano directivo de la unidad estatal, pese a su alejamiento de las glorias de otro tiempo.

+ Las medidas de Trajano para mejorar la economía italiana


Preocupado por el declive económico de Italia y hostigado por la urgencia de disposiciones destinadas a sanear la situación, Trajano dio un nuevo y vigoroso impulso a la producción agrícola a base de ofrecer financiaciones a bajo interés. Además, los intereses pagados por las sumas prestadas se invertían en la instrucción de los hijos de los campesinos. También impulsó numerosas obras públicas, en particular carreteras y mercados.

+ Las empresas militares de Trajano


Fueron muy importantes sus empresas militares. En dos difíciles campañas, de 101 a 106, Trajano sometió la Dacia, transformándola en provincia y enviando allí a numerosos colonos. De ella dan testimonio los bajorrelieves de la columna Trajana, erigida para conmemorar una gesta importante sobre todo por sus consecuencias económicas, pero también por su significado político de reafirmación del principio imperialista como expresión fundamental del estado romano. En Oriente Trajano combatió largamente contra los partos, conquistó Armenia y Mesopotamia y las anexionó al imperio. Pero en 117 cayó enfermo en Selinonte, y murió de improviso, sin haber podido completar la obra de sistematización de las fronteras que se había propuesto. Bajo su dirección el imperio alcanzó su máxima expansión territorial.

- Publio Elio Adriano, sucesor de Trajano


A Trajano le sucedió su primo Publio Elio Adriano, que llevó a cabo una política de pacificación y de reafirmación del estado, convencido como estaba de la necesidad de consolidar las defensas del imperio.

+ La consolidación de las defensas del imperio romano: el muro de Adriano y la línea de fortificaciones del Danubio


Adriano visitó todas las provincias, en un intento de descubrir las necesidades particulares de cada una de ellas y de revalorizar los recursos regionales. Abandonó las tierras situadas más allá del Éufrates; construyó en Britania una gran línea defensiva (Vallum Adriani) destinada a proteger las posesiones romanas de las incursiones de los caledonios; y levantó una línea de fortificaciones en la zona del Danubio para defender a los agri decumates.

+ Medidas de Adriano en el terreno administrativo


En el terreno administrativo potenció el aparato burocrático en estrecha dependencia de su persona, concentró la dirección del estado en el consilium principis, al que dotó de reuniones regulares, funciones precisas y miembros fijos, y desplazó progresivamente al senado y los comicios. Asimismo, reforzó el gobierno imperial y le imprimió una clara fisonomía monárquica. Para mejorar el control administrativo, privó a Italia de la posición de privilegio de que había disfrutado hasta entonces, dividiéndola en cuatro distritos y situándola al mismo nivel que las provincias.

- Tito Aurelio Antonino ("Pío")


La obra de Adriano la continuó Tito Aurelio Antonino, apodado Pío, que durante los años de su reinado reafirmó los vínculos sociales y económicos del estado en la paz más absoluta. Éste fue, sin ninguna duda, el mejor período de la época de los emperadores adoptivos.

- Marco Aurelio


En los años siguientes, los ejércitos romanos, bajo el mando de Marco Aurelio, sucesor de Antonino Pío, tuvieron que esforzarse en la lucha contra los bárbaros que atacaban las fronteras del estado.

Marcoromanos y cuados cruzaron las fronteras devastando los territorios de Bohemia, Panonia e Italia. El emperador se vio obligado a hacerles frente en largas y destructivas campañas (167-169 y 172-174), que tenían ya todas las características de los futuros conflictos contra los bárbaros invasores del Bajo Imperio.

En esta época comenzó a admitirse a los bárbaros en el ejército. Roma se vio obligada a ello porque necesitaba reclutar nuevas fuerzas para hacer frente a las campañas bélicas. La medida, sustancialmente positiva en un principio, a la larga produjo un debilitamiento del espíritu nacional, y llevó en algunos casos a que los soldados pactaran alianzas de conveniencia con las poblaciones a las que debían combatir.

Durante el reinado de Marco Aurelio estalló de nuevo la guerra contra los partos (165), que se extendió a todo Oriente. Más o menos por la misma época se sublevó Avidio Casio, gobernador de Siria, quien en 175 se proclamó emperador y fue asesinado por sus propios soldados. Ambos acontecimientos terminaron felizmente, aunque con un elevado coste para el estado romano.

La llegada de Marco Aurelio al poder estuvo acompañada por la de su hermano Lucio Vero quien, según la voluntad de Adriano, debía gozar de idénticos poderes. Los dos hermanos, aunque distintos por su carácter e inclinaciones, rigieron conjuntamente el estado durante ocho años (161-169) en un feliz experimento de diarquía. Aunque en apariencia este episodio puede recordar al antiguo sistema republicano, en realidad fue muy distinto y estuvo determinado principalmente por una situación de crisis, caracterizada por la completa desintegración de las instituciones y por las violentas tensiones que afectaban a la sociedad. La desaparición de Lucio Vero en 169 puso fin a la doble regencia, dejando todo el peso del imperio sobre las espaldas de Marco Aurelio hasta 180, cuando murió repentinamente en Vindobona.

- Lucio Aurelio Cómodo


Heredó el título imperial su hijo Lucio Aurelio Cómodo, que se distinguió por su falta de capacidad de gobierno y por su conducta histriónica y demagógica. Puso fin a la guerra contra los marcomanos mediante un tratado de paz y después confió en los militares para conservar el poder. Su régimen de terror terminó en 192 cuando fue envenenado por un liberto.

Concluyó así la edad áurea de los Antoninos y comenzó el período de crisis del estado romano, durante el cual prevalecieron las tendencias que llevaron a la ruina del Imperio.

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Artículo 40 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

viernes, 23 de noviembre de 2012

La dinastía de los Flavios en Roma | Historia de Roma (XXXIX)

La muerte de Nerón (que vimos en la entrada dedicada a los Julio - Claudios) abrió una grave crisis en el imperio caracterizada por la sucesión, en un solo año y en un clima de total anarquía, de cuatro emperadores. Tras Servio Sulpicio Galba fueron proclamados Marco Salvio Otón, Aulo Vitelio y Tito Flavio Vespasiano. Este último resolvió definitivamente la crisis de 60 d.C. e inauguró el período de la dinastía de los Flavios.

Vespasiano y la historia de Roma
Busto del emperador Vespasiano, perteneciente a la dinastía de los Flavios.

- Vespasiano y su dirección del imperio en Roma


Vespasiano llegó a la dirección del imperio después de una larga fase de incertidumbre, desórdenes y mal gobierno. Sin tardanza, puso en orden las finanzas, restableció la disciplina en el ejército y redujo la influencia política de sus pretorianos. Reconoció el mayor peso de las provincias, sobre todo de las occidentales, que iban ganando poder con respecto a Italia y las restantes áreas mediterráneas, y aceleró la admisión de los provincianos en la vida pública para evitar la desintegración del estado. Puso en marcha asimismo importantes obras públicas dentro y fuera de Roma, como el anfiteatro Flavio. Con la ayuda de su hijo Tito completó la sumisión de Judea, conquistando Jerusalén (70 d.C.) y, en el norte, ocupó de nuevo Britania, llegando hasta Escocia, y recompuso la frontera germánica ocupando los territorios comprendidos entre el Rin y el Danibio, y construyendo una línea fortificada.

- El reinado de Tito


El reinado de Tito se caracteriza por el dinamismo del emperador y el acierto de sus acciones de gobierno.

+ Graves calamidades naturales afectaron a Roma e Italia en este período


En 79 d.C. una terrible erupción volcánica destruyó las ciudades de Pompeya, Herculano y Estabia, dañando también a otras localidades. En 80 d.C., una peste infectó la península itálica y afectó a gran parte de la población. En el mismo año un incendio de proporciones relevantes dañó seriamente la ciudad de Roma. Constituyen una buena prueba de las grandes dificultades con que tropezó la recuperación la falta de reconstrucción de los centros de Campania y el abandono del comercio en las áreas afectadas por la destrucción.

- Tito Flavio Domiciano y su obra de gobierno


A la muerte de Tito le sucedió su hermano Tito Flavio Domiciano, descrito por la tradición de forma poco lisonjera. Pero los resultados obtenidos por su obra de gobierno permiten considerarlo como uno de los mejores emperadores del período. Entre los hechos más significativos de su reinado hay que señalar su decidida orientación absolutista, a pesar de la oposición del senado, y el refuerzo de la frontera del Danubio gracias al apoyo de los dacios, que fueron recompensados adecuadamente.

Durante el Bajo Imperio, una de las soluciones más empleadas para resolver las incesantes conjuras fue aumentar la represión por parte de los tribunales de lesa majestad. A pesar de ello, Domiciano fue asesinado en 96 d.C. y con él terminó la dinastía de los Flavios.

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Artículo 39 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Los Julio - Claudios en la historia de Roma | Historia de Roma (XXXVIII)

Al leer los anales de la tradición sobre el período imperial, parece que algunos emperadores fueron personas deplorables y políticamente peligrosas. Sin embargo, muchas de estas descripciones son poco dignas de confianza, fruto más bien de una propaganda hostil de la clase senatorial, ligada a las anteriores formas de gobierno republicano, que veía en el dominio del emperador una disminución de su propio poder. Es natural, por ello, que cada acto del emperador fuera mirado con extremo recelo, especialmente cuando no respetaba la voluntad de los senadores. Por tanto, hay que considerar con suma cautela los juicios de la tradición histórica, en particular los negativos.

Agripina en la historia de Roma

- Tiberio, sucesor de Augusto


A la muerte de Augusto le sucedió su hijastro Tiberio.

+ Las dos fases del reinado de Tiberio


En su reinado se pueden distinguir dos fases: la primera estuvo coronada por la eliminación del peligro de infiltración de poblaciones germánicas (victoria de Hasbach en el 15 por obra de Germánico); la segunda, que coincide con la época en que Sejano era prefecto del pretorio y directo colaborador del emperador, se caracteriza por las continuas dificultades de corte, la dura acción de los tribunales de lesa majestad y el incontrolado despotismo militar de los pretorianos. Éste fue el período en el que Tiberio, cansado y amargado, se alejó de la capital para encerrarse en su espléndido aislamiento de la isla de Capri, dejando en manos de Sejano el control del imperio. La ejecución del prefecto mejoró la situación, aunque no logró disipar completamente el clima de terror y de persecución que caracterizó los últimos años del principado de Tiberio.

- Cayo César, sucesor de Tiberio


A Tiberio le sucedió Cayo César, hijo de Germánico, llamado Calígula por el particular tipo de calzado militar que llevaba desde que era un niño. También su imperio distó de ser tranquilo, sobre todo por las extrañezas del emperador derivadas de sus frecuentes ataques de epilepsia. A ello se añadió el fallido intento de instaurar en Roma una monarquía de tipo oriental, como habían soñado César y después de él Antonio. Pero la decidida oposición de la oligarquía senatorial obligó a Calígula a mantener el principado en sus líneas tradicionales. Murió apuñalado por un pretoriano, en una de tantas conjuras palaciegas urdidas durante su imperio.

- Tiberio Claudio Nerón, sucesor de Cayo César


A la muerte de Calígula los pretorianos, sin esperar la decisión del senado, eligieron a Tiberio Claudio Nerón, hermano de Germánico y tío del emperador muerto, conocido con el nombre de Claudio. La tradición historiográfica es particularmente hostil en relación a Claudio, pese a lo cual su reinado puede ser valorado como uno de los más positivos de toda la época imperial, sobre todo por la lúcida obra de gobierno y la válida política económica que llevo a cabo.

+ Realizaciones más significativas del reinado de Claudio


Su objetivo era imprimir al estado una dirección equilibrada, sin diferencias importantes entre las diversas fuerzas. Se enfrentó con la realidad política, respetando la tradición y abandonando cualquier veleidad absolutista. Pero el poder se concentraba inevitablemente en las manos del emperador, para contrarrestar las tendencias centrífugas y controlar los ataques destructivos. Entre las realizaciones más significativas de su reinado cabe mencionar la creación de una eficiente burocracia; la promoción de una política a favor de las provincias, orientada a crear una base uniforme en el imperio; la conquista de Mauritania (42 d.C.) y Britania meridional (44 d.C.), y la organización de Palestina y de Judea, que fueron anexionadas a Siria (44 d.C.).

Claudio promovió asimismo una política financiera meticulosa que puso orden en las finanzas del estado, endeudado por Calígula, y reforzó la unión estatal. Murió a fines de 53 d.C., envenenado por su esposa Agripina, quien quería asegurar la sucesión a su hijo Nerón, adoptado pocos meses antes por el emperador.

- Nerón


Nerón, hijo del primer marido de Agripina, Cneo Domicio Ahenobarbo, de quien se había quedado viuda, reemplazó a Británico, hijo de Claudio y de Mesalina y legítimo sucesor al trono antes de la adopción.

El nombramiento de Nerón, conseguido con el apoyo de los pretorianos, fue ratificado oficialmente por el senado, que desde hacía tiempo carecía de fuerza y de iniciativa.

El nuevo emperador, que ha pasado a la historia como la figura paradigmática del tirano, llevó a cabo, en un primer período, una obra de gobierno iluminada, inspirada por el filósofo Lucio Anneo Séneca y por el prefecto del pretorio Sexto Afranio Burro. El segundo período de su reinado se caracteriza por una política fragmentaria, por la sucesión de despiadadas conjuras (la más famosa de las cuales fue la de los Pisones) y por una serie de delitos, realizados en una atmósfera cargada de absolutismo despótico: asesinatos de su madre Agripina, de su hermanastro Británico y de sus esposas Octavia y Popea.

+ El incendio de Roma


El acontecimiento de mayor relieve del reinado de Nerón fue el incendio de Roma en la noche del 18 al 19 de julio de 64 d.C. Pese a la evidente responsabilidad del emperador, la culpa recayó en los cristianos, falsamente acusados por las autoridades para evitar posibles alteraciones del orden público. Después de una larga serie de conjuras palaciegas, en 68 d.C. los ejércitos de las provincias de Hispania, dirigidos por Julio Vindicio y Servio Sulpicio Galba, se rebelaron contra el poder central. El senado declaró la destitución del emperador y que fuera perseguido como enemigo público. Nerón huyó de Roma y se mató con la ayuda de un liberto el 9 de junio de 68 d.C.

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Artículo 38 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

De los Julio-Claudios a los emperadores adoptivos | Historia de Roma (XXXVII)

El supremo poder de Augusto debía representar una solución temporal a los problemas del estado romano. Aunque había logrado establecer la paz durante su reinado, las disidencias reaparecieron violentamente después de su muerte, cuando se planteó la sucesión al principado y las diversas fuerzas sociales pugnaron por renegociar poder e influencia.

Tiberio
Busto de Tiberio (42 a.C. - 37 d.C.). Adoptado por Augusto, a quien sucedió en el poder, instauró en la capital un clima de terror.

- La sucesión para con el principado de Augusto


El principado de Augusto no era hereditario. Se basaba en el principio de la auctoritas, definida por el reconocimiento universal de las cualidades del emperador. Era por tanto indispensable una legitimación que le confiriera un fundamento formal. Como a Augusto los poderes le habían sido atribuidos por una decisión del senado, ratificada por una ley, se hacía necesaria para sus sucesores una designación que se basara en un proceso legislativo similar.

- Ley de imperio del senado, ratificada por las asambleas populares


La lex de imperio del senado, ratificada por las asambleas populares, fue el procedimiento por el que se atribuyó a los sucesores de Augusto los diversos poderes que él había tenido durante su principado. Un fragmento de esa ley, relativo a Vespasiano, ha llegado hasta nosotros gracias a una inscripción conservada en el museo Capitolino de Roma. La concesión unitaria de los poderes representó, a lo largo de toda la historia imperial, la base legal para la investidura de cada nuevo emperador. La realidad política sólo respetaba en parte los aspectos formales de la sucesión. Muy a menudo, las fuerzas que contendían por el control del estado intentaban conservar el poder en el seno de una familia para transmitirlo de padres a hijos. La única variante admitida era la adopción de quien se consideraba digno de suceder en el cargo.

- La monarquía hereditaria de hecho en el primer período del imperio


En el primer período del imperio se afirmó una monarquía hereditaria de hecho, con reglas de sucesión rígidamente establecidas. También aumentó la influencia de la oligarquía senatorial, con una sólida tradición de dominio y un vivo espíritu de casta.

- La creciente importancia de las fuerzas militares y el prestigio de la burocracia imperial


A ello se añadió el papel que asumieron las fuerzas militares, conscientes de su creciente importancia, así como el prestigio de la burocracia imperial, cada vez más numerosa y favorable a la consolidación de la monarquía.

- Empeoramiento de la economía en Italia


Mientras tanto empeoraba la situación económica de Italia, desplazada por el continuo crecimiento de las provincias. La decadencia se manifestó con toda claridad en el siglo II d.C., aunque ya se advertían síntomas evidentes en época de Nerón. Ausente ya de los mercados internacionales, incluso en lo que respecta a los productos de mayor tradición, Italia tuvo que soportar la penetración de las mercancías procedentes de las provincias, en particular de la Galia y de Hispania.

La situación no cambió durante los siglos II y III d.C., cuando se difundieron los productos de otras regiones del imperio, sobre todo de África, sin que Italia lograra recuperar la ventajosa posición que siempre había tenido.

Al desarrollo de las provincias contribuyó también la enorme afluencia de capitales promovida por las iniciativas imperiales (por ejemplo con los Severos), así como la descentralización de los núcleos de producción, la nueva disposición de las grandes vías comerciales (como el eje Rin-Danubio) y la preeminencia de los mercados germánicos y orientales.

En las provincias surgió una vida comercial totalmente autónoma que las sustrajo de hecho a la tradicional función de mercado receptivo de los productos procedentes de Italia, permitiéndoles iniciar un proceso de desarrollo independiente que las llevó a corto plazo a suplantar a Italia.

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* Los Julio - Claudios
* La dinastía de los Flavios
* Los emperadores adoptivos

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Artículo 37 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

martes, 20 de noviembre de 2012

El principado de Augusto | Historia de Roma (XXXVI)

Después de la victoria de Actium, Octavio advirtió la necesidad de consolidar su poder mediante una fórmula nueva, a pesar de su reiterada voluntad de recuperar el antiguo orden republicano y de reinstaurar la antigua libertas.

Augusto y su principado

- Los diferentes poderes que pasa a asumir Octavio Augusto


En un proceso gradual que duró hasta 23 a.C., Octavio asumió un poder enorme: tribunicia potestas, concedida sin que hubiera ocupado el cargo de tribuno; imperium proconsulare en las provincias afectadas todavía por revueltas; imperium proconsulare maius et infinitum en todas las provincias tanto senatoriales como imperiales, sin límite de tiempo o de espacio, con poderes superiores al de todos los magistrados; potestas censoria que le permitió vigilar las costumbres y controlar las listas de senadores y de los candidatos a las magistraturas; imperator, apelativo que permitía a Octavio subrayar su figura de jefe victorioso; augustus, título honorífico ligado a la aureola carismática propia de la monarquía oriental; princeps, título entendido tanto en el sentido de princeps senatus, princeps civitatis y princeps universorum como en el valor absoluto de jefe supremo. Posteriormente, en 12 a.C. fue nombrado pontífice máximo, y padre de la patria en 2 d.C.: honores de orden religioso que, a partir del ejemplo oriental, conducían a una progresiva divinización.

- El poder del emperador, por encima de las estructuras y organismos de la república


La antigua auctoritas era el fundamento de este nuevo planteamiento. Con el nombre de Augusto, Octavio asumió una posición de autoridad moral y de supremacía política que lo situaba por encima de todo y de todos. La vida de la república se desarrollaba todavía con las estructuras y los organismos antiguos, pero por encima de ellos estaba el poder el emperador que los dirigía sobre la base de su propio prestigio.

- El principado fue una auténtica forma institucional autónoma


Así pues, el principado se configuró en apariencia como un poder especial en la normalidad de las instituciones republicanas, aunque en realidad era una auténtica forma institucional autónoma. Se puede comprender que Octavio, al día siguiente de la victoria de Actium (31 a.C.), advirtiera la urgencia de instaurar en Roma un gobierno fuerte, capaz de controlar el ejército, de guiar a la oligarquía senatorial, de calmar las luchas entre los grupos políticos y de imponer su supremacía sobre todas las fuerzas de Roma. Las posibles soluciones llevaban casi inevitablemente a la instauración de un régimen personal, aunque en muchos ambientes se palpaba la necesidad de un respeto a las tradiciones republicanas. La habilidad de Octavio se puede apreciar en su capacidad de unir las nuevas exigencias con las costumbres de la nación, aunando las reivindicaciones de las tendencia políticas opuestas.

A diferencia de César, Octavio descartó soluciones que pudieran hacer pensar en un poder absoluto o en un régimen autoritario, evitando así la similitud con los modelos orientales.

- El principado, un sistema que unía rasgos monárquicos y experiencia republicana


La muerte de César había demostrado que era prematuro un poder monárquico que no salvara al menos las formas republicanas. Más allá de la propaganda de Augusto, nos encontramos ante una fórmula político-constitucional original, que se fue definiendo gradualmente en respuesta a las nuevas condiciones del estado. Respecto a las fuerzas sociales se modificó el régimen republicano para dar cabida a la figura del emperador, que asumió la tradición republicana y la demanda de reformas que había degenerado en las guerras civiles. El régimen creado por Augusto no era una diarquía, fundada en el reparto de poderes entre el emperador y el senado. La preeminencia del primero sobre el segundo era excesiva, tanto en el plano real como en el constitucional, y tampoco se puede definir como un protectorado ejercido por el emperador por encima de la res publica. Se trataba más bien de un sistema en el que se unían los rasgos monárquicos y los de la experiencia republicana, en una línea que superaba los viejos modelos y se abría a las demandas de reforma.

- La política reformista de Augusto


Convertido en señor de Roma, llevó a cabo una amplia política reformista.

+ Restauración del derecho civil en la vida pública y privada y reordenación económica del Estado


En primer lugar dictó leyes para restaurar el derecho civil en la vida pública y privada; después se ocupó de la reordenación económica del estado, saneando las finanzas públicas y dando un nuevo impulso a la agricultura.

+ Defensa del Imperio


Organizó la defensa del imperio preparando un ejército permanente de veinticinco legiones, nueve cohortes de pretorianos con funciones de guardia imperial, cuatro cohortes urbanas y ocho cohortes de vigilantes con funciones de policía y de bomberos en Roma. También reorganizó la flota, trasladándola a las bases de Ravena y de Miseno. Reforzó asimismo las fronteras del imperio, llegando hasta el Danubio y conquistando todas las regiones situadas al norte de los Alpes, de Vindelicia a Retia, Nórica, Panonia y Mesia.

+ Ampliación del dominio romano en la península Ibérica y en Germania


Amplió las áreas del dominio romano en la península Ibérica, donde conquistó todo el territorio septentrional, y en Germania, donde se expandió por la orilla oriental del Rin, siendo detenido por los germanos de Arminio, quienes derrotaron al cónsul Publio Quincio Varo en la selva de Teotoburgo (9 d.C.).

- Tiberio, sucesor de Augusto


La muerte sorprendió a Augusto a la edad de 76 años, el 19 de agosto de 14 d.C., en Nola. Su hijo adoptivo, Tiberio, le sucedió en el trono.

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Artículo 36 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El sistema imperial romano | Historia de Roma (XXXV)

Las principales etapas del proceso de renovación institucionales estuvieron marcadas por las figuras de César y Octavio. César fue el artífice del triunvirato, la primera fórmula de gobierno que rompió el esquema de las magistraturas clásicas. Dicha fórmula no tardó en convertirse en una monarquía para asumir después la forma de una auténtica dictadura.

Octaviano y el sistema imperial en Roma

- Nueva estructura constitucional tras el asesinato de César


Octavio, hijo adoptivo de César, perfiló las características del nuevo régimen. Después del asesinato de César comenzó un proceso de consolidación institucional que modificó la fisonomía del estado republicano, creando una nueva estructura constitucional destinada a durar alrededor de tres siglos.

- El Senado romano ante el desarrollo institucional


El desarrollo institucional cogió por sorpresa a la aristocracia senatorial que había llevado a cabo la conjura para eliminar la dictadura y restaurar el antiguo orden republicano. Al día siguiente de la muerte de César, el senado ya no tenía la unidad necesaria para afrontar la oposición de las masas populares, del ejército, de los comerciantes e incluso de las fuerzas provinciales.

Todos se mostraban favorables a César y completamente en contra del retorno al antiguo régimen oligárquico. El último intento de restauración se diluyó rápidamente, abriendo el camino a los partidarios de César y a quien supiera asimilar mejor la herencia política del dictador desaparecido.

- Tras la guerra de Módena, los pretendientes a la sucesión logran un acuerdo


Después de algunas dudas iniciales, Antonio, uno de los lugartenientes de César, se mostró claramente partidario de la política encarnada por el dictador muerto, con el apoyo de los veteranos y del pueblo. La aparición en la escena política de Octavio, heredero de César, complicó la ya precaria situación, dando origen a un enfrentamiento armado entre los dos grupos partidarios de César que reanimó, provisionalmente, la suerte de la clase senatorial (guerra de Módena, 44-43 a.C.). Pero muy pronto los pretendientes a la sucesión lograron un acuerdo. Se reunieron cerca de Bolonia (43 a.C.) y decidieron eliminar a los asesinos de César, luchar contra cualquier intento de supremacía senatorial y conquistar y mantener el control del estado.

- La Lex Titia: constitución de un triunvirato como magistratura del Estado

La alianza, ratificada mediante la Lex Titia en 43 a.C., llevó a la constitución de un triunvirato legalmente reconocido como magistratura del Estado (triumviri reipublicae constituendae), formado por Lépido, Octavio y Antonio. El nuevo triunvirato representaba a las fuerzas que reivindicaban la total renovación del estado a partir del ejemplo de César. Después de la supresión violenta de los adversarios más temibles, se pasó a la guerra abierta contra Bruto y Casio, los principales exponentes de la corriente senatorial anticesariana. La contienda finalizó en 42 a.C. con la derrota del ejército de los asesinos de César en Filipos, y con el reparto del estado entre los vencedores.

A Antonio se le asignaron las provincias orientales y la Galia, con exclusión de la Cisalpina, unida a Italia; Octavio recibió todo el resto de Occidente y a Lépido se le confió África.

Con las inevitables disparidades, el acuerdo duró hasta 36 a.C., después de haber sido renovado en los encuentros de Brindisi (40 a.C.) y de Tarento (37 a.C.).

- Octavio y Antonio, enfrentados


Las dificultades de la guerra contra Sexto Pompeo en Sicilia (38-36 a.C.) y la exclusión de Lépido del triunvirato, pusieron a Octavio y Antonio el uno contra el otro. Este último había llevado a cabo en Oriente una política que acogía las líneas maestras de la tradición griega y oriental y, junto con Cleopatra, preparaba una reordenación de los dominios asiáticos en un sistema de reinos, centralizado en la monarquía egipcia y sometido al control y a la dirección de Roma.

Octavio, al contrario, propugnaba un retorno a la constitución republicana, afirmaba su adhesión a los principios de la tradición romana, combatía las concepciones orientalizantes de Antonio y Cleopatra y se había erigido en promotor de una guerra nacional contra Egipto para restablecer el orden y la legalidad.

- Tras la derrota de Antonio y Cleopatra en Actium, Octavio paso a tener dominio absoluto sobre el estado romano


La derrota de las fuerzas conjuntas de Antonio y Cleopatra en Actium (31 a.C.) condujo a una nueva unificación de Oriente y Occidente bajo el mando de Octavio y dio pie al comienzo de su dominio absoluto sobre el estado romano. El vencedor obtuvo, en su nombre, un juramento plebiscitario de fidelidad a Italia y de las provincias que le reconocían el dominio absoluto sobre todas las cosas.

El propio Octavio era consciente de su golpe de fuerza contra la constitución, como lo atestiguan sus Res Gestae, grabadas en el Monumentum Ancyranum descubierto en la ciudad turca de Ankara. Su acción puede considerarse justificada por la difícil coyuntura del momento y por la aprobación de las gentes del imperio que deseaban acabar, de una vez por todas, con un ruinoso y prolongado período de guerras civiles.

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Artículo 35 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

domingo, 28 de octubre de 2012

La formación del Imperio romano | Historia de Roma (XXXIV)

En la segunda mitad del siglo I a.C. se completó la transformación institucional que se había iniciado en el período de las guerras civiles. Surgió un nuevo sistema imperial que mantenía, en muchos aspectos, estrechos lazos con el pasado y con la sociedad que lo había precedido.

Ciudad e Imperio romano

- La nueva organización en el sistema imperial romano


+ Efectos en el perfil institucional y en la esfera social y religiosa


La nueva organización, centralista y unitoria, afectó sobre todo al perfil institucional y, en parte, también al económico. La esfera social y la religiosa, en cambio, permanecieron prácticamente inalteradas y conservaron su autonomía en el ámbito regional, con alguna modificación parcial, como la extensión del derecho romano o la imposición del culto imperial.

+ Nuevas normas civiles y religiosas


Las nuevas normas civiles y religiosas se superpusieron a las locales, pero sin lograr una unificación profunda.

+ Efectos de la nueva organización en la economía romana


En la esfera económica, en cambio, las guerras de conquista (siglos II-I a.C.) habían creado ya un sistema que abrazaba toda la cuenca mediterránea. Lo que aportó a la economía el peso de un imperio institucionalmente organizado fue básicamente una reglamentación global, con efectos directos sobre todo en las provincias.

+ Transformaciones destacables en el terreno institucional


Donde el nuevo sistema imperial introdujo realmente grandes transformaciones fue en el terreno institucional.

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Artículo 34 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

sábado, 27 de octubre de 2012

La crisis económica del fin de la república romana | Historia de Roma (XXXIII)

A fines de la república, cuando se multiplicaban los síntomas de declive de la economía esclavista, se produjo una crisis general en la agricultura itálica. En el mismo período se debilitó, además, y en algunos casos se derrumbó, la demanda de productos agrícolas de la Italia centro meridional en favor de los procedentes de la Galia cisalpina al principio y de las provincias después.

Crisis economica en la antigua Roma

- Causas de la crisis económica romana


Las causas de esta nueva crisis fueron diversas. Entre las más importantes hay que señalar las devastaciones de la guerra social; las confiscaciones, el cierre de los mercados orientales provocado por las guerras contra Mitrídates y la presencia de los piratas del Egeo; y los desequilibrios derivados de las asignaciones de los triunviros. También contribuyeron la ausencia de inversiones, el traslado hacia el norte del eje comercial, el gradual predominio en los mercados de los productos de Italia septentrional y el cierre de numerosos mercados centro meridionales. Se fue imponiendo una dirección de las haciendas orientada hacia la reducción de gastos y se primaron los cultivos que exigían poco trabajo y ofrecían garantía estable de seguridad en los mercados, aunque ello comportara la renuncia a mayores ganancias.

Los productos de Istria y la Galia cisalpina habían suplantado en los mercados internacionales a los productos de la Italia centro meridional. La expansión de estas regiones comenzó en la época de Augusto, cuando los capitales, por diversos motivos, se dirigieron hacia las áreas septentrionales siguiendo la estela de las conquistas militares de Augusto, pero el fenómeno tenía orígenes más lejanos. Iba ligado a la penetración romana en el norte, iniciada con la deducción de Aquilea -hecha por motivos militares y también por intereses económicos- y proseguida, durante los siglos II y I a.C., con la política de reorganización del territorio por medio del abono de los campos, la realización de grandes obras hidráulicas, la construcción de una red viaria y la inversión de capitales en agricultura.

Todas estas intervenciones estaban en el origen del gran desarrollo económico del siglo I d.C., cuando los productos agrícolas de la región conquistaron los mercados internacionales. La llegada de la época de Augusto estuvo marcada, por tanto, por una situación económica incierta, caracterizada por el declive de las áreas centro meridionales, otrora florecientes, y el desarrollo de las regiones septentrionales. A ello hay que añadir la precariedad del marco político general, que acentuó las consecuencias de la crisis económica.

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Artículo 33 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

viernes, 26 de octubre de 2012

Las guerras civiles en Roma | Historia de Roma (XXXII)

El inicio de las guerras civiles se produjo como un contragolpe a los conflictos surgidos entre fines del siglo II e inicios del siglo I a.C., como la guerra númida, la invasión de los cimbros y de los teutones y la guerra social.

Pompeyo y las guerras civiles en Roma

- La guerra númida


La guerra númida (111-105 a.C.) puso al descubierto los procesos que corroían desde hacía tiempo la vida política romana, manifestando al mismo tiempo el odio antirromano de las poblaciones norteafricanas. Este odio, avivado sin duda por el nacionalismo de Yugurta, rey de Numidia, estaba tan arraigado que desembocó en auténticas masacres, como la de Cirta (112 a.C.), donde fueron asesinados todos los miembros de la numerosa colonia presente en la ciudad. La cruel masacre expresó, en toda su crudeza, el rechazo de una política expansionista cada vez más dura y despiadada, conducida por el interés  de un pequeño grupo de individuos que gozaban de amplios poderes en Roma. La guerra llevó consigo la reforma, promovida por Mario, de las modalidades de reclutamiento del ejército, al que pudieron incorporarse por primera vez, con servicio voluntario y retribuido, los proletarios excluidos hasta entonces. Si por un lado la reforma respondía a la dificultad de formar ejércitos con los sistemas tradicionales, por otro creaba soldados de profesión que consideraban el servicio militar como una oportunidad para crear un pequeño patrimonio con la paga, los botines de guerra y los premios dispensados por los mandos. De este modo, los soldados acabaron por vincularse estrechamente a sus jefes, más que al estado, convirtiéndose en una fuente permanente de inestabilidad en la vida política.

- La invasión de tribus germánicas (cimbros y teutones)


La invasión de las tribus germánicas de los cimbros y de los teutones (105-101 a.C.), truncada victoriosamente por Mario, estuvo en el origen de un nuevo conflicto interno en el Estado romano: la rivalidad entre Mario y Sila. Los dos se habían enfrentado ya anteriormente. Antes de derrotar a cimbros y teutones, Cayo Mario había guiado a las tropas vencedoras en Numidia, conquistando fama y gloria, además de una gran influencia política y un amplio respaldo entre las masas. Aprovechando los éxitos obtenidos, se había puesto al frente del partido popular, que no había abandonado la causa reformista, ni siquiera tras el trágico destino de los Gracos. Lucio Cornelio Sila, en cambio, se había distinguido sobre todo en la guerra itálica, granjeándose las simpatías de la clase senatorial y de los grupos de la oligarquía de gobierno.

- 88 a.C.: guerra abierta entre Mario y Sila


En 88 a.C. la rivalidad entre Mario y Sila se transformó en lucha abierta. Mitrídates VI, rey del Ponto, había atacado los territorios romanos de Asia haciendo exterminar, en un solo día, a todos los ciudadanos romanos de Oriente. La matanza recordaba la de Cirta y representaba una nueva confirmación de los extendidos sentimientos antirromanos. Lo que preocupaba a Roma, sin embargo, era la intensa influencia que ejercía Mitrídates en las poblaciones de la cuenca mediterránea, sobre todo por la acción propagandística del rey que se equiparaba con las gestas de Alejandro Magno y con las grandes tradiciones griegas y orientales. Por todo ello, Roma no podía aplazar el conflicto, aunque la situación interna era todo menos tranquila. En consecuencia, el senado no tardó en declarar la guerra al rey y decidió enviar a Oriente un ejército al mando del cónsul Sila. Pero el partido popular no podía aceptar esta decisión ya que la victoria, en caso de producirse, haría prevalecer a los grupos de la oligarquía senatorial y disminuiría el prestigio del que gozaban hasta entonces los demócratas. Estallaron entonces violentos tumultos y el senado se vio obligado a anular el nombramiento de Sila, que era legal, para sustituirlo por Mario. Sila, que se preparaba para partir con sus tropas hacia Oriente, apenas tuvo conocimiento de la noticia, salió de la Campania y marchó sobre Roma. Tras hacerse con el poder por la fuerza, obligó al senado a volver atrás y a conferirle de nuevo el mando en Asia. A continuación, completó su maniobra enviando al exilio a los principales miembros del partido de Mario.

- Sila se hace nombrar dictador vitalicio, con el fin de reorganizar el Estado


En la primavera de 87 a.C., después de haber impuesto el orden en Roma, Sila partió hacia Oriente, donde logró vencer a Mitrídates y obligarlo a firmar la paz. Mientras tanto, el partido popular había recuperado fuerza y, aunque privado de la guía de Mario, muerto de improviso, había logrado hacerse con el poder. Los estragos se sucedieron hasta que en 82 a.C. el retorno victorioso de Sila desde Oriente volvió a decantar la balanza a favor de la oligarquía. Con el apoyo del ejército y del senado, Sila se hizo nombrar dictador vitalicio con el fin de reorganizar el estado. Aprobó entonces una serie de disposiciones destinadas a reformar el poder del senado y, al mismo tiempo, a reducir la influencia del partido popular.

+ Las leyes de Sila


Las leyes de Sila iban acompañadas de drásticas medidas de orden público, como las listas de proscripción, tendentes a eliminar a los opositores al régimen. Con la introducción de los partidarios del dictador, el número de senadores pasó de 300 a 600. Se abolió la censura, se atribuyó un amplio poder legislativo al senado y se redujo la autoridad de los tribunos. También se estableció que pretores y cónsules permanecieran un año en Roma con cargos políticos y judiciales y fueran enviados el año siguiente a las provincias con el cargo de propretores o de procónsules al mando de los ejércitos.

+ Se desplazan las murallas ciudadanas


Finalmente, se desplazó la línea de las murallas ciudadanas hasta el Arno y el Rubicón, con la intención de impedir, o al menos de hacer más difícil, la conquista del poder por la fuerza, ya que se consideraba sacrilegio introducir armas al otro lado de la línea. Convencido de haber resuelto las principales cuestiones de la república, habiendo contentado al menos a la clase senatorial, Sila se retiró a la vida privada en 79 a.C. y murió al año siguiente en Campania.

- Se reanudan las guerras civiles con nuevos protagonistas: Craso, Pompeyo y Julio César


Pero las guerras civiles se reanudaron una vez más, protagonizadas en el período siguiente por Marco Licinio Craso, Cneo Pompeyo y Cayo Julio César. La situación interna se precipitó a raíz del estallido, casi simultáneo, de cuatro guerras: la rebelión en Hispania al mando de Sertorio (80-72 a.C.), la revuelta de los esclavos encabezada por Espartaco (73-71 a.C.), la guerra contra los piratas (78-67 a.C.) y la nueva guerra contra Mitrídates en Asia (74-63 a.C.). La primera contienda, que supuso el fin del partido de Mario, terminó con la victoria de Pompeyo, un político nuevo en la escena romana, considerado el mejor general del momento. La segunda, que afectó durante años a los campos itálicos, se resolvió con grandes dificultades gracias a las victorias obtenidas primero por Craso y después por Pompeyo, quien apagó los últimos rescoldos de la revuelta.

La positiva resolución de estos dos conflictos llevó a la elección para el consulado de los generales victoriosos en 70 a.C., año en que anularon, por obra de los propios cónsules, todas las disposiciones de Sila y se reanudó el movimiento democrático. El acuerdo permitió evitar un nuevo enfrentamiento civil en la ciudad del Tíber. Sin embargo, el continuo recurso a las armas para resolver cualquier disputa política representaba un constante motivo de turbación. La tercera guerra, dirigida por Pompeyo con amplios poderes y profusión de medios, concluyó con la definitiva eliminación de la piratería, que había turbado durante mucho tiempo el comercio en el área oriental del Mediterráneo. La nueva victoria supuso un nuevo incremento del prestigio de Pompeyo, convertido en ese momento en el hombre político más poderoso de la república. Finalmente, la derrota de Mitrídates, el rey del Ponto, coronó la ascensión de Pompeyo con el más lisonjero de los éxitos, y permitió a Roma consolidar sus dominios en Oriente, de Siria al Éufrates, y reordenar las alianzas y los protectorados.

En 62 a.C. Pompeyo, en el punto álgido de su prestigio, volvió a la capital para tomar las riendas de la situación política que se había ido deteriorando durante su ausencia.

En Roma la situación se había precipitado de golpe. Lucia Sergio Catilina, derrotado en las elecciones al consulado en 63 a.C., se había puesto al frente de la plebe desheredada y endeudada con un programa extremista. La firme oposición del senado lo llevo a urdir una conjura, que fracasó por la pronta reacción de la oligarquía dominante dirigida por el cónsul Marco Tulio Cicerón. Pero había muchos otros focos de tensión y numerosos problemas que exigían soluciones urgentes. Cayo Julio César supo aprovechar la situación y en poco tiempo logró polarizar las expectativas y la indignación del pueblo alrededor de un programa incisivo.

Cuando Pompeyo llegó a la capital, el ambiente que se respiraba no era precisamente tranquilo. Además de César, que se había puesto al frente de las masas frustradas tras el fracaso de Catilina, estaba Craso, que por entonces ya no escondía su profunda hostilidad hacia la oligarquía. Y el propio Pompeyo, aunque acogido triunfalmente por su campañas victoriosas, no había logrado satisfacer sus demandas a causa de la decidida oposición de los senadores, preocupados por su excesivo poder: el senado no había confirmado aún la nueva organización de los dominios asiáticos, no le había concedido al consulado y no había aprobado la asignación de tierras a los veteranos como recompensa por las victorias conseguidas.

- El "triunvirato" entre Pompeyo, César y Craso


Pompeyo, de hecho, se encontraba aislado. César, por su parte, buscaba a personas de éxito en las que apoyarse. Craso, en fin, era consciente de lo importantes que eran, desde cualquier punto de vista, los apoyos de que gozaban ambos. De este modo surgió, por interés mutuo, una estrecha colaboración entre Pompeyo, César y Craso que tomó el impropio nombre de "triunvirato". Los tres, con el apoyo de las masas, del ejército y de los grupos financieros, impusieron un programa que preveía, como punto de partida, la asignación del consulado a César en 59 a.C. para sentar las bases de su dominio en Roma. Cuando se consiguió el nombramiento de César para el consulado, se procedió a la aprobación de una reforma agraria inspirada en los principios democráticos, se confirmó la organización de Asia propuesta por Pompeyo y se concedió la disminución en un tercio del canon de arrendamiento de los tributos asiáticos. Para conseguir el apoyo militar que Pompeyo y Craso ya poseían, César obtuvo el proconsulado de la Galia cisalpina, de la Galia narbonense y del Ilírico para un período de cinco años. Estas provincias estaban lo bastante cerca de Roma como para hacer volver a los ejércitos en el caso de que la situación romana se deteriorara. La guerra de las Galias proporcionó a César la gloria y el poder militar a los que aspiraba. De 58 a 51 a.C. sometió todas las tierras comprendidas entre el canal de la Mancha y el Rin, en una lucha dura y áspera dirigida con la crueldad que imponían las guerras de conquista.

Mientras tanto en Roma predominaban la confusión y la anarquía, en un clima cercano a la guerra civil. Publio Clodio Pulcro, partidario de César, y Tito Anio Milón, protegido por la oligarquía senatorial, combatían con dureza al frente de grandes bandas armadas sin que nadie pudiera detenerlos.

- Los pactos de Lucca


Preocupado por el curso de los acontecimientos, César convocó una reunión con Pompeyo y Craso en Lucca, en 56 a.C., para consolidar el pacto del triunvirato. Se estableció que César permaneciera en las Galias durante cinco años más, para completar sus conquistas; que Pompeyo gobernara África e Hispania durante cinco años; y que Craso dirigiera la provincia de Siria así como la guerra contra los partos. También se decidió que Pompeyo y Craso fueran cónsules durante un año. Los acuerdos se ratificaron sin discusión en Roma, en un clima que ya no tenía visos de democracia.

- Tras la muerte de Craso, Pompeyo es nombrado cónsul por la oligarquía senatorial y con ello rompe definitivamente con César


Los pactos de Lucca atajaron de momento las fuertes rivalidades que enfrentaban a los tres hombres políticos del momento, pero muy pronto los acontecimientos se precipitaron desembocando en la guerra civil. Craso murió en Carres durante la guerra contra los partos en 53 a.C. y en Roma murió Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, quien amaba tanto a su padre como a su esposo y era profundamente correspondida por ambos. Su inesperada muerte deshizo el lazo que unía con más fuerza a los dos políticos, al mismo tiempo que la desaparición de Craso los impelía al enfrentamiento mutuo. En 52 a.C. Pompeyo fue nombrado cónsul por la oligarquía senatorial, que se había alineado unánimemente a su lado para apoyarlo en su tarea de reordenación del estado. Al aliarse con la clase gubernamental, Pompeyo rompió definitivamente con César.

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Artículo 32 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

martes, 23 de octubre de 2012

La crisis institucional del siglo I a.C. | Historia de Roma (XXXI)

Los conflictos, repetidos y violentos, afectaban sobre todo al control del poder político, el reparto de los botines de las conquistas, la realización de reformas agrarias y la distribución a precio controlado de los productos alimenticios. No sólo se enfrentaban la nobilitas y grupos populares, la propia clase del poder estaba tocada por fracturas profundas, hasta el punto de que la lucha civil condujo finalmente a la caída de las estructuras republicanas y a su transformación en instituciones de tipo monárquico.

Imperio romano y su ejercito

- Motivos de la decadencia de las estructuras tradicionales republicanas


La auténtica crisis estalló en el siglo I a.C. La constitución republicana, que había regido el estado romano durante cuatro siglos superando las pruebas más difíciles, acabó por desembocar en una crisis irremediable. La decadencia de las estructuras tradicionales se produjo por muchos motivos.

+ Expansión del Estado y crisis de crecimiento


En primer lugar, la propia expansión del estado, que después de la ampliación del territorio y el desarrollo de nuevas y variadas actividades económicas, desembocó en una crisis de crecimiento que puso en evidencia la fragilidad de las instituciones republicanas.

+ Diferencias entre clases sociales


En segundo lugar, las diferencias entre las clases sociales, que favorecieron el proceso de disgregación. La oligarquía tradicional incrementó todavía más su poder político, económico y militar, sin querer renunciar al monopolio del poder, ni siquiera con concesiones parciales a los grupos ascendentes. Por su parte, los caballeros y la burguesía adinerada, que habían visto aumentar considerablemente su poder económico y político gracias al abastecimiento del ejército, al cobro de impuestos y de derechos de aduana, a la realización de obras públicas y a los transportes marítimos, sólo ocasionalmente conseguían participar en la dirección del estado. Finalmente, las clases populares, sin poder aguantar por más tiempo sus precarias condiciones de vida, reaccionaban con sublevaciones violentas manipuladas a menudo por cabecillas hábiles y desaprensivos.

+ Cambio de mentalidad de las clases dirigentes


Un componente fundamental de la crisis fue también el cambio de mentalidad de las clases dirigentes, que tenían la convicción de ser ciudadanos privilegiados con un gran poder. Prevalecieron el deseo desenfrenado de riqueza, la tendencia al parasitismo y la disposición a la violencia. Como consecuencia, en la vida política se extendieron la corrupción electoral y el ejercicio desaprensivo del poder, lo que acarreó el descrédito a las instituciones republicanas. Los jefes militares adquirieron gran importancia gracias a las riquezas acumuladas a expensas de las provincias y a menudo utilizaron sus ejércitos como elementos de la lucha política, como electores o como activistas: se trataba, en realidad, de ejército mercenarios que combatían únicamente para obtener ventajas y recompensas.

+ Pérdida del papel de guía de la vida política de las instituciones en general


Las instituciones en general perdieron el papel de guía de la vida política por la ausencia de una voluntad decidida de renovación, la discontinuidad de la línea de gobierno y, sobre todo, la ausencia de una mayoría estable.

+ División en la clase dirigente


La clase dirigente estaba profundamente dividida. Cada grupo se había atrincherado en la defensa de sus propios privilegios y estaba más atento a salvaguardar sus intereses particulares que a reconstruir la unidad del estado. También las clases subalternas apostaban por la ruptura. Los propios comicios contribuyeron a la disgregación de las instituciones. Violencia, corrupción y demagogia se impusieron como formas privilegiadas de lucha política. La mayoría de los ciudadanos había abandonado la vida pública en manos de aguerridas minorías a sueldo de los principales candidatos a las magistraturas.

+ El senado, incapaz de asegurar el equilibrio interno del Estado


Ni siquiera el senado podía garantizar su función originaria de organismo que asegura el equilibrio interno del Estado. Administrado todavía según los antiguos reglamentos, estaba gestionado por una restringida oligarquía que actuaba en defensa de sus intereses particulares y, sobre todo, de sus privilegios.

+ Magistraturas: violación de la anualidad y colegialidad de los cargos, magistraturas compradas por la fuerza de las armas, etc.


Tampoco las magistraturas quedaron al margen del deterioro general. Se violaron la anualidad y la colegialidad de los cargos, de modo que un mismo magistrado cubría durante varios años el mismo cargo sin otra razón de peso que la consolidación de su propio poder.

Se afirmaron asimismo nuevas costumbres institucionales. Entre las más perjudiciales estaba la tendencia a reunir en un solo magistrado la dirección del estado, ya que fuera renovando durante varios años el mandato, o concentrando en una persona poderes antes de separados.

También resultó muy nociva la legitimación a posteriori, con votaciones compradas, de magistraturas conquistadas por la fuerza de las armas. Los acuerdos personales, presentes desde siempre en la vida de la república, adquirieron en este momento carácter formal y llegaron a ponerse por encima de la constitución.

La profunda crisis de las instituciones republicanas no parecía dejar otro camino que el de un poder personal que guiara al estado de forma unitaria, aunque con carácter despótivo o totalitario.


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Artículo 31 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

lunes, 22 de octubre de 2012

Las guerras civiles y la crisis de la República romana | Historia de Roma (XXX)

El fin de siglo conllevó nuevos cambios en la situación social, económica y política de Roma.

Crisis en Roma

- Nobilitas


La nobilitas, atrincherada en la defensa de sus privilegios, se convirtió en una oligarquía de pocas familias basada en la propiedad terrateniente, el disfrute de la esclavitud, las rentas inmobiliarias y los grandes intercambios comerciales.

- Caballeros


Los caballeros, estrechamente vinculados a las nuevas actividades económicas, reflejaron con mayor claridad la nueva mentalidad comercial y se enfrentaron con frecuencia a la cerrazón de la clase senatorial.

- Clase media


La clase media siguió siendo la más castigada por las transformaciones que se estaban produciendo. Después de haber sido diezmada por las guerras y empobrecida por el aumento vertiginoso de la infracción, ahora sufría los efectos negativos de la especulación financiera, de la competencia despiadada entre las grandes empresas comerciales, de la difusión a precios bajísimos de los productos de las provincias y del empleo masivo de mano de obra esclava.

- Esclavos


También los esclavos representaban un nuevo motivo de preocupación. Al aumentar considerablemente su número a raíz de las guerras de conquista, se convirtieron en un elemento de transformación de la vida económica y en un componente inestable siempre preparado para la rebelión. En más de una ocasión reivindicaron mejores condiciones de vida junto a los braceros libres y a los pequeños propietarios campesinos, arruinados por la expansión del latifundio. Cada vez con mayor frecuencia, estallaban conflictos entre las distintas clases, como síntoma de prolongadas tensiones, incomodidades crecientes y un malestar difuso.

- Guerras civiles y crisis de la República romana


+ La crisis institucional del siglo I a.C.

+ La guerra civil entre Mario y Sila

+ La crisis económica del fin de la República

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Artículo 30 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

domingo, 21 de octubre de 2012

La guerra social | Historia de Roma (XXIX)

La guerra social fue la manifestación más vistosa de la crisis que afectaba a la península itálica. Antes de la revuelta el estado romano se había anexionado los territorios de los pueblos italiotas por tres procedimientos distintos: alianza, incorporación y deducción.

SPQR y Roma

- Procedimiento de anexión de Roma de los pueblos italiotas


+ Alianza


La alianza era un tratado especial (foedus) por el que Roma concedía una autonomía interna a los pueblos sometidos a cambio del pago de tributos y del suministro de hombres para el ejército. Los civitates foederatae, aun manteniendo un ordenamiento soberano, reconocían la supremacía de Roma (en 89 a.C. fueron incluidas en el estado romano). Aplicada en un principio a los latinos (foedus Cassianum, 493 a.C.), la alianza se extendió posteriormente a los pueblos de Italia meridional (Nápoles, 326 a.C.) y central.

+ Incorporación


La incorporación era una forma de anexión directa a la civitas romana que podía realizarse según la modalidad de la civitas optimo iure (ciudadanía romana con derecho a voto) o de la civitas sine suffragio (sin derecho a voto). A partir del siglo IV a.C., los habitantes de las ciudades vencidas fueron englobados por Roma con mayores o menores derechos.

+ Deducción


La deducción, finalmente, era una forma de anexión incondicional que tenía su origen en la rendición formal de una comunidad. Las colonias nacidas de la deducción se dividían en latinas (formadas por aliados latinos e itálicos) y romanas (formadas por ciudadanos romanos que residían fuera de la capital). Las primeras colonias se remontan a la época de los reyes. La última colonia de la península fue Lucca, erigida en 180 a.C.

- Origen de las causas de la guerra social en Roma


El origen de las causas de la guerra social hay que buscarlo en el período de los Gracos. La cuestión de la ciudadanía de los itálicos, que había llevado a la muerte a Cayo Graco, volvió a plantearse en 91 a.C. A lo largo de casi dos siglos de sumisión, la mayor parte de las poblaciones itálicas había permanecido fiel a Roma, incluso durante la larga guerra contra Aníbal. A pesar de su valor, los itálicos estaban en una situación de total subordinación política después de que la reforma de Cayo Graco hubiera sido ahogada en sangre. Livio Druso, hijo del adversario de Cayo Graco, tras ser elegido al tribunado de la plebe, recuperó la propuesta de Graco de extender la ciudadanía a los itálicos; pero las mismas fuerzas que habían derrotado a los Gracos armaron la mano del sicario que asesinó a Livio Druso en su casa.

- La insurrección y la respuesta romana


Este delito, sin embargo, no consiguió detener un proceso ya comenzado. Fue simplemente una señal de la rigidez de Roma, que no quería hacer ninguna concesión, pero no acalló la protesta que desembocó en la llamada guerra social. En 91 a.C., marsos, pelignos, picentinos, marucinos, frentanios, vestinos, apulios, lucanos, campanios y samnitas crearon una república, basada en el ejemplo de la romana, y eligieron como capital Corfinio, rebautizada como Itálica. Etruscos y umbros permanecieron fieles a Roma, así como Venosa, Nola, Nocera, Nápoles, Reggio y casi todas las colonias latinas. Pompedio Silón y Papio Mutilio se pusieron al frente de los insurgentes, mientras que Lucio Julio César, padre del futuro dictador, Cayo Mario y Cornelio Sila condujeron el ejército romano. Preocupada por el alcance de la insurrección, Roma empezó a hacer algunas concesiones. La ley Julia (90 a.C.) reconoció la ciudadanía romana a los centros que habían permanecido fieles y a los que estuvieran dispuestos a deponer las armas. El beneficio se extendió más tarde a las ciudades de la Galia cispadana, que desde entonces pasó a formar parte de Italia. La ley Plaucia Papiria (90 a.C.) concedió a los insurgentes sesenta días para someterse a cambio del reconocimiento de la ciudadanía. Finalmente, la propuesta de ley de Cneo Pompeyo (89 a.C.) previó la extensión del derecho latino a la Galia transpadana.

- Razones de la revuelta


Las razones de la revuelta hay que buscarlas en el cambio de actitud de los itálicos respecto a Roma. Después de la batalla del Metauro (207 a.C.), que cambió la suerte del conflicto con Aníbal, desaparecieron las esperanzas de una acción unitaria contra la hegemonía de la ciudad del Tíber. A partir de ese momento lo que unió a los pueblos itálicos fue la coincidencia de sus intereses particulares, que pueden reducirse en esencia a una mayor integración en el estado romano. Hasta entonces, los itálicos estaban orgullosos de su autonomía de pueblos aliados de Roma, más que nada porque consideraban que su situación aún podía mejorar y, sobre todo, porque la hegemonía romana se extendía tan sólo sobre una parte de la península. La derrota definitiva de Aníbal fue lo que los llevó a reivindicar un trato similar al de la ciudad dominante y no una especie de autonomía.

La resistencia de Roma provocó el descontento de las ciudades itálicas aliadas, que se encontraron unidas por la común reivindicación de la igualdad de derechos políticos. Unas lucharon, no obstante, por la extensión de la civitas mientras que otras preferían permanecer foederatae.

La guerra social fue, en cierto sentido, un testimonio de la completa romanización de la península, y acabó con el dualismo entre romanos e itálicos. El deseo de estos últimos de ser reconocidos ciudadanos a todos los efectos manifiesta su convicción de no representar un pueblo distinto, sino parte integrante del estado romano desde el punto de vista jurídico y social.

Las motivaciones que llevaron a los itálicos a la revuelta fueron diversas: por una parte, la actitud reformista de las clases superiores que aspiraban a los derechos políticos; por otra, la actitud protestataria de las clases inferiores que reclamaban mejores condiciones de vida. La guerra social, por tanto, no fue sólo la revolución de la riqueza, sino también la revolución de la miseria. A su término, los itálicos fueron reconocidos como parte integrante de la república romana y Roma dejó de ser una ciudad estado para convertirse en la ciudad guía del estado itálico. Pero sólo en Roma era posible el ejercicio de la ciudadanía y, además, los itálicos sólo fueron inscritos en 8 de las 35 tribus romanas, limitando ulteriormente sus derechos. Para acallar el descontento, ya en 88 a.C. fueron inscritos en todas las tribus gracias a una disposición de Publio Sulpicio Rufo, completada después por Cornelio Cinna en 87 a.C.

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Artículo 29 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

sábado, 20 de octubre de 2012

Historia de Roma (XXVIII): el renacimiento económico de Roma a fines del siglo II a.C.

Después de un largo período de crisis, que duró casi medio siglo, en las últimas décadas del siglo II a.C. comenzaron a advertirse claras señales de recuperación económica. Los precios bajaron, volvieron a los niveles anteriores a la guerra contra Aníbal, y aumentó el bienestar, principalmente el de los comerciantes e inversores.

Economia en la antigua Roma

- La colonización y sus efectos: mejora en la economía romana y revitalización del comercio


La propia colonización, que prosiguió con renovado empeño en el siglo I a.C., restituyó su esplendor a las regiones más afectadas por la crisis de la pequeña propiedad. Los nuevos asentamientos, además de repoblar las tierras abandonadas, mejoraron el estado del suelo con trabajos de irrigación. Desde la época de Sila hasta la de Augusto se fundaron las colonias de Abella, Avelino, Alife, Arezzo, Capua, Chiusi, Fiésole, Grumento, Adria, Interamna, Nola, Pompeya, Preneste, Telesia, Urbana (más tarde absorbida por Capua), Ancona, Rímini, Ascoli Piceno, Este, Benevento, Bolonia, Boviano, Calazia, Casilino, Concordia, Cremona, Dertona, Fano, Fermo, Florencia, Ispello, Lucca, Luceria, Lucus Feroniae, Luna, Novum Comum, Nocera Alfaterna, Paestum, Pisa, Pesaro, Pola, Siena, Sora, Suessa Aurunca, Sutri, Trieste, Verona, Aosta, Brescia, Minturno, Módena, Parma, Piacenza, Pozzuoli y Venafro. En varias localidades hubo oleadas coloniales sucesivas. La construcción de carreteras revitalizó el comercio. Nuevos centros, como Pozzuoli y Pompeya, se impusieron como focos del comercio itálico dirigido también a la cuenca mediterránea, adonde se exportaban los productos agrícolas más rentables. La mayor contribución a la recuperación provino del sistema agrario de la Italia centro-meridional. A fines del siglo II a.C. ya eran evidentes los resultados del nuevo modelo de explotación. La implantación de cultivos especializados, el perfeccionamiento de las técnicas y la conquista de los mercados habían exigido un largo período de acondicionamiento y una gran inversión de capitales. Pero finalmente la nueva hacienda agrícola, eficazmente administrada y apoyada en la existencia de mercados seguros para sus productos, podía mantener unos niveles medios de producción nunca alcanzados hasta entonces.

- Se extiende la red comercial de los negotiatores romanos por todo el Mediterráneo


La red comercial de los negotiatores romanos se extendió por casi todo el Mediterráneo, como lo atestiguan los hallazgos arqueológicos de ánforas para la conservación y transporte del aceite y del vino. Los vasos apulios, así como los Dressel 1 y Dressel 2-5 de Brindisi, eran utilizados para transportar el aceite de Apulia y el vino de Campania a muchas localidades de la Magna Grecia, el Lacio, la Galia cisalpina, Istria, Provenza y África. A partir de mediados del siglo II a.C. se difundieron las ánforas de Apulia, que demuestran la abundante producción aceitera de la región. Hacia el final del período republicano, la presencia del aceite de Apulia disminuyó gradualmente, sustituido por el de procedencia cisalpina e istriana. Las ánforas Dressel 2-5 documentan, ya en el siglo II a.C., la amplia comercialización de los vinos de Campania. Después de un momento de máxima expansión durante la época republicana, en el siglo I a.C. se produjo una progresiva disminución de los intercambios, con un empeoramiento de la calidad, descenso de la producción y contracción de los cultivos vinícolas.

- Rápido aumento de la producción agrícola y ganadera


En el marco de la cambiada situación económica tuvo lugar un rápido aumento de la producción agrícola. Se basó sustancialmente en la renovada vitalidad de las vías comerciales y en la mayor cantidad de productos destinado a los mercados de ultramar.

Ya antes de la crisis de Aníbal el cultivo de la vid se hallaba bastante difundido en algunas áreas, pero sólo después de la guerra obtuvo mayor consistencia y se convirtió, junto con el cultivo del olivo, en el motor de la recuperación económica. La ganadería, practicada desde la época prerromana, sufrió un retroceso en el siglo II a.C. como consecuencia de la potenciación de los cultivos de la vid y el olivo.

En la segunda mitad del siglo I a.C. volvió a tener una amplia difusión por las mayores posibilidades de ganancia inmediata que ofrecía frente a los productos agrícolas en un período de crisis. Hasta el siglo I d.C. la cría de ganado tenía sus centros principales en Campania, sobre todo en los alrededores de Pompeya, y en Apulia, particularmente en el Tavoliere, Brindisi y Salento. En estas áreas se practicaba la trashumancia. Estaba muy difundida la cría de ovejas, sobre todo para la obtención de lana y, en segundo lugar, de quesos. La cría de bovinos, menos extendida, abastecía de pieles y de animales de labor. En el campo romano se criaban diversas especies de aves de corral.

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Artículo 28 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.

viernes, 19 de octubre de 2012

Historia de Roma (XXVII): los intentos de reforma de los Gracos

La crisis abierta por el conflicto de Aníbal se manifestó también en el terreno político. Aumentaron las presiones de las nuevas clases, en particular de los caballeros y de la aristocracia adinerada, sofocadas por la oligarquía dominante, y se extendió el descontento entre los itálicos, privados aún del derecho de ciudadanía a pesar de haber contribuido activamente a la subida de Roma. Hasta las propias instituciones tenían problemas por su escasa adaptación a las necesidades de un territorio que por entonces abarcaba ya todo el Mediterráneo.

Los gracos en la antigua Roma

- Crisis en las magistraturas y el ejército romano


En las magistraturas, por ejemplo, se recurría cada vez con mayor frecuencia a la prórroga de los cargos para cubrir las vacantes que de otro modo se habrían producido. El ejército, por su parte, fue menguando inexorablemente a partir del momento en que la crisis de los pequeños propietarios campesinos redujo considerablemente la base de reclutamiento de los soldados. Los campos se iban convirtiendo en peligrosos centros de sublevación. Esclavos, braceros y pequeños propietarios empobrecidos formaban una peligrosa mezcla preparada para estallar ante la más mínima chispa.

Pero los intentos de atenuar el malestar de las masas rurales chocaban con los intereses de la aristocracia terrateniente, contraria a cualquier disposición que lesionara sus privilegios adquiridos. La guerra civil parecía inevitable, hasta el punto de que bastaron las propuestas de reforma de Tiberio y Cayo Graco para que se precipitaran los acontecimientos.

Los Gracos, miembros de familia noble educados por prestigiosos maestros griegos (Blosio de Cumas y Diófanes de Mitilene), asumieron la defensa de innovaciones que pertenecían a un mundo muy respetado, pero distante en realidad de la civilización romana. Las resistencias y cerrazones ante cualquier innovación resultaron tan difícilmente superables, que las masas populares se sintieron impelidas a recurrir a formas de lucha radicales para obtener algún resultado. El mundo romano, poco preparado aún para acoger tales reivindicaciones, reaccionó de forma inconexa, abriendo el camino a las guerras civiles que condujeron al fin de la república.

- Primer intento de reforma: Tiberio Graco


El primer intento de reforma fue obra de Tiberio Graco. En un viaje de regreso a Roma desde Hispania, Tiberio constató el abandono en que se hallaba el ager público de Etruria y, sobre todo, las condiciones de pobreza en que vivía la masa de los campesinos libres. Después de aquella experiencia se afanó por encontrar una solución que ofreciera respuestas concretas al profundo estado de crisis.

+ La reforma agraria de Tiberio tras ser elegido tribuno de la plebe


Elegido tribuno de la plebe en 133 a.C., Tiberio propuso una reforma agraria que preveía: reducción del ager publico ocupado por un particular a 500 yugos, con el añadido de 250 yugos por hijo varón hasta un máximo de 1000 yugos; restitución al estado de las tierras que excedieran los límites establecidos; asignación de las tierras restituidas a los campesinos pobres en lotes de 30 yugos; prohibición de utilizar sólo mano de obra servil en el trabajo de los campos; pago de una indemnización por las obras de mejora realizadas en las propiedades restituidas al estado; prohibición de venta de las tierras asignadas.

El terreno que se dejaba en plena propiedad a los terratenientes era bastante extenso: unas 125 hectáreas. Más que reducir la extensión de las tierras confiadas a un particular, la ley se proponía aliviar las condiciones de vida de los pequeños propietarios campesinos, proporcionándoles nuevas tierras para ampliar así al mismo tiempo las bases del ejército. A pesar de ello, la oposición del senado fue durísima porque, si se aprobaba la ley, las grandes rentas inmobiliarias de la aristocracia senatorias se verían severamente afectadas.

Decididos a bloquear la reforma, los senadores convencieron a Marco Octavio, compañero de Tiberio en el tribunado, para que vetara la iniciativa. Tiberio reaccionó convocando los comicios tributos para que destituyeran a Octavio, culpable de actuar contra los intereses del pueblo. El llamamiento a la soberanía popular infringió la constitución republicana, ya que Octavio era un magistrado elegido regularmente que no podía ser cesado antes del fin de su mandato. El sustancioso legal del rey Atilio III de Pérgamo proporcionó de improviso los fondos necesarios para convertir en ley la propuesta de reforma. Tiberio pidió el empleo inmediato del tesoro del rey para ofrecer a los nuevos asignatarios de ager público los medios necesarios para adecuar el cultivo de los terrenos. La nueva iniciativa del tribuno aumentó la hostilidad de la aristocracia senatorial, que decidió pasar a la acción.

+ Tiberio es asesinado, acusado de aspirar a la tiranía


Aprovechando la candidatura de Tiberio para un segundo tribunado (132 a.C.), en contra de la costumbre que prohibía la repetición del cargo, el senado votó un senadoconsulto llamado "último" confiriendo poderes extraordinarios a los cónsules. Una expedición de castigo conducida por Escipión Nasica asaltó la asamblea popular y asesinó a Tiberio, acusado de aspirar a la tiranía.

- Las reformas de Cayo Graco


A pesar de ello, la acción de los grupos reformistas prosiguió con mayor decisión.

+ Ley de Cayo Graco: cantidad mensual de grano a precio político para los ciudadanos pobres de Roma


En 123 a.C. Cayo Graco, hermano de Tiberio, fue elegido para el tribunado con un programa más articulado. Como primer paso logró hacer aprobar una ley que garantizaba a los ciudadanos pobres de Roma una cantidad mensual de grano a precio político. La disposición, aunque necesaria, iba dirigida esencialmente a ganarse el apoyo de las clases populares en el conflicto con el senado.

+ Cayo recupera la ley agraria de su hermano Tiberio


Reelegido en 122 a.C., gracias a una nueva ley que permitía a los tribunos ocupar varias veces el cargo, Cayo recuperó la ley agraria de su hermano para convertirla en objetivo principal de su programa. La estrategia política de Cayo, más compleja que la de Tiberio, preveía una serie de objetivos intermedios para crear un bloque de alianzas entre clases potencialmente hostiles a la oligarquía, como la plebe urbana, los caballeros y los itálicos. Se requería para ello conseguir el dinero necesario para hacer operativa la ley frumentaria, y también para fundar nuevas colonias, incluso fuera de Italia, para ofrecer un acomodo definitivo a los campesinos sin tierras. Por último, había que desmembrar la unidad de la clase gobernante enfrentando a la clase ascendente de los caballeros, vinculados a la de los comerciantes, con la aristocracia senatorial, ligada a la tierra.

+ El intento de enfrentamiento de los caballeros con los aristócratas


Cayo asignó a los caballeros el cobro de los tributos de la rica provincia de Asia, instituida después de la cesión del reino de Pérgamo a los romanos; hizo aprobar la deducción de una serie de colonias, en primer lugar la de Cartago; y presentó una disposición sobre la composición de los tribunales que debían juzgar las malversaciones cometidas por los gobernadores de las provincias. La disposición, en sustancia, asignaba en exclusiva a los jueces procedentes del orden ecuestre los procesos de concusión y peculado contra los gobernadores pertenecientes a la clase senatorial. Por primera vez en la historia de Roma los senadores eran juzgados por personas que no formaban parte de su clase. Una innovación igualmente importante fue la creación de colonias en las provincias. Hasta entonces, las colonias surgían exclusivamente en suelo itálico, conforme a una peculiar concepción del estado-ciudad. Fue precisamente la propuesta de conceder a todos los itálicos la plena ciudadanía romana la que provocó la ruina de Cayo Graco. Livio Druso, colega de Graco en el tribunado, después de vetar la ley se dedicó a promover una serie de reformas para ganarse el apoyo de la plebe, muy preocupada por la posible ampliación a los no ciudadanos de los pocos beneficios de que disfrutaba.

+ Graco no es reelegido para el tribunado, y para evitar ser atrapado, se hace matar por un esclavo


La propaganda hostil de Druso produjo sus efectos. En 121 a.C. Graco salió derrotado en las elecciones para el tribunado y el cónsul Opimio, basándose en el poder que le había sido conferido por el senado, exterminó a los partidarios de los Gracos en el Aventino. Para no caer en poder de sus perseguidores, Cayo se hizo matar por un esclavo en el bosque de las Furias, en la otra orilla del Tíber.

- La resolución de la crisis de los Gracos: la oligarquía romana sale victoriosa


La "crisis de los Gracos" se resolvió con una renovada victoria de la oligarquía. Poco a poco la reforma agraria fue despojada de contenido: se suspendió la distribución del ager público; se ignoraron los límites legales relativos a la concentración de las tierras; se eliminó la prohibición de venta de las propiedades asignadas por el estado... En poco tiempo la situación de los campos volvió al estado inicial. La aristocracia terrateniente controlaba de nuevo grandes propiedades y los pequeños propietarios campesinos se veían obligados a vender sus posesiones. Privada de oportunidades laborales, la plebe urbana se refugió en el ejército para llenar el vacío dejado por los campesinos. Pero la introducción del ejército profesional abrió las puertas a la guerra civil.

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Artículo 27 de 42 de nuestra serie de entradas sobre la historia de Roma.